Hoy, sin que haya un menú de candidatos presidenciales completos por parte de la oposición, es muy sencillo imaginarse que Johnny Araya va a ganar la elección con holgura, no tiene un sólo contendor de peso: hasta hoy, y por aquello de que por la víspera se saca el día, no lo tendrá. Si vemos las cosas con realismo, Johnny ni propaganda tiene que hacer, la gente lo conoce y un ochenta por ciento de los electores liberacionistas votará por el, con lo que tendrá fácil más del 40% de los votos. Cualquier opositor vería estos datos como una falacia, puede ser, yo mismo no los digo con fe ciega, porque en política como en fútbol puede suceder lo que sea. Luis Alberto Monge no obtuvo la Presidencia en el año 1978 porque sin duda alguna Rodrigo Carazo era un orador sin parangón y había capitalizado un enorme caudal de votos del liberacionismo, que le cobraban a Oduber las nacionalizaciones irracionales y cuestionables muchas de ellas, que sólo harían enriquecer a unos cuantos y la factura la pagaríamos los ciudadanos los siguientes treinta años.
Aunque no lo acepten, los individuos (as) más inteligentes de las cúpulas de todos los partidos, están jugando con la hipótesis del 40% que obligaría a una segunda ronda, ahí si habría un panorama totalmente diferente, pero solamente si Otón se mete en la lucha, o sea si le habla Dios mismo.
¿Por qué digo esto? Por una razón sencilla, el mayor caudal electoral lo tiene el PAC después del PLN, pero un PAC sin Otón no es PAC. ¿Por qué? Porque con todas las faltas de carisma que tiene, se maneja a su favor un halo de honradez que lo ha caracterizado desde el principio y que si somos justos no le podemos borrar.¿Qué no es simpático? No, no lo es, pero es inteligente, preparado para gobernar un país por muchos años de estudio, es un economista que sabe por dónde va y viene ese mundo vertiginoso del comercio sin fronteras.
Sus cualidades las sabemos todos, propios y extraños, de ahí que pudiera capitalizar el voto indeciso de manera apabullante y aglutinar a los micro partidos, con lo cual no sería la elección como la del años 1974, sino la del año 1978: la de Rodrigo Carazo, no la de Daniel Oduber. Como todo en la historia, si no se cuida se repite, la tragedia de Carazo fue tratar de gobernar con un verdadero “tuttifrutti” político, gente en ministerios sin experiencia, en la autónomas gente buena, pero desconocedoras de las gestiones, error tras error de sus subalternos, una Asamblea Legislativa dedicada a obstaculizar la marcha del gobierno, una deuda interna y externa que le heredaron y que su carácter obcecado se negó a negociar con Bonangiolino (del FMI), terminamos todos de rodillas: muchos empresarios se arruinaron y muchos se enriquecieron con la flotación sucia del dólar. Al final fue un desastre donde todo eran decretos, los inversionistas se largaron con pánico, muchos años demoró el país para enderezar esos entuertos.
Si acaso Otón logra que Dios le hable, deberá con antelación prepararse para ese reto, el peor reto de un Presidente en un mundo globalizado, con una economía saliendo de la resección y con una desconfianza grande de parte de las mayorías. El peor reto de gobernar con gente extraña a las funciones normales de gobierno y el peligro de los asesores sin experiencia, esos detalles son lo mas importante, después de ganada una elección. Muchas veces son los asesores quienes hacen o deshacen un gobierno y elevan o hunden al mandatario. Los que rodean al príncipe, decía Bonaparte comentando a Maquiavelo, son casi siempre menos importantes que el príncipe mismo, pero siempre deberán ser mas inteligentes que el.
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