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Usualmente entrego mi columna al editor en jefe con cierta antelación. Esta vez admito que, como esas tareas que hacíamos en el cole, lo dejé para el último momento. Porque no tenía cómo responder la siguiente pregunta. ¿De qué voy a escribir que no se ha dicho en estas elecciones?

Esta ha sido una de las contiendas políticas más intensas que los ticos hayamos vivido desde el referéndum sobre el Tratado de Libre Comercio. Desde que comenzó la segunda ronda, las calles se llenaron de cuchicheos sobre este Alvarado o el otro. Las horas de almuerzo en el trabajo se convirtieron en campos de discusión política. Y las redes sociales, ni hablar.

Hubo de todo. Lo malo: miedo, insultos, discriminación, y burla. Mucha burla. Vi lados decepcionantes de personas que creía conocer. Vi odio visceral hacia otros sólo porque pensaban diferente. A qué nivel hemos llegado en donde tener una opinión diferente era motivo de insulto. O peor, de desprecio. Y me encantaría decir que fue sólo de un bando, de aquel lado, pero no. Fue de ambos.

La prensa fue deficiente en su manejo de los debates. A varios medios les faltó hacer incisiones más profundas en los candidatos para ver qué podían sacar. Repreguntar. Hacer preguntas sorpresa. Aplicar fact-checking en el momento. Claro está, esto cuando los debates sí se daban y cuando los planes se podían debatir.

El 1ero de abril el país elige Presidente y, por una fracción de segundo a altas horas de la noche del domingo, se respirará un alivio. Habrá terminado este calvario.

Pero el país está en un momento crucial de su historia. Comienza otra etapa crucial que está en nosotros decidir si también será un calvario o no. Los próximos cuatro años serán clave para nuestra democracia. Podemos enrumbarnos a una solución o tomar el salto definitivo a la crisis.

El lunes ya estará designado nuestro nuevo Presidente. Eso no nos libra de responsabilidades como ciudadanos.

No sé si recuerdan, en todo este lío electoral, que hace tan sólo semanas el país estaba unido, en vilo, esperando un resultado. Rescato el comentario de Cristian Cambronero en Twitter:

¿Uds creen que el nombramiento de Emilia Navas (interino y luego en propiedad) se habría desarrollado de la misma forma, sin la presión ciudadana en redes, y el trabajo de una prensa vigilante?

 Yo creo que no. Para tomar nota.

Tomemos nota. En estas elecciones, también hubo energía positiva. No recuerdo una elección de donde haya visto tantas banderas de distintos colores unidas. Ni tanto esfuerzo por el ciudadano de informar a otros. Con todas sus cosas malas, este tipo de procesos electorales llegó para quedarse.

La volatilidad, la energía, y las redes sociales forman parte de nuestro ser costarricense. Cuando quede uno de los Alvarado, tenemos que recordar que la gente que votó por el otro no va a desaparecer. Son costarricenses que tienen sus necesidades, sus sueños, metas y miedos. No olvidemos que esto no termina con un voto.

No. Más bien comienza. Ser ciudadano y ciudadana de este país es un trabajo de tiempo completo. Todos los días hay que levantarse para trabajar en conjunto para una mejor Costa Rica. Después de todo, este país es de todas y todos. No sólo de los políticos.

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2 Comentarios

  1. Así es Bernardo! Por primera vez / así
    como con Italia 90 todos/as aprendimos de fútbol! Ahora todos/as nos volvimos políticos !!! Y para bien porq el pueblo debe ser político / no de puestos únicamente / sino vigilantes! Activos y presentes!!! Que no se nos olvide nadie!! Todos/as somos ticos/as!! Todos/as somos seres de respeto y dignidad !! A trabajar se ha dicho !!!

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