Aarón Chinchilla EP. | Autoridades de Gobierno realizaron la entrega de la Iglesia Colonial de San Blas de Nicoya, afectada por el terremoto de Sámara en 2012.
La entrega, realizada por el Presidente Carlos Alvarado y la ministra de cultura, Sylvie Durán, se da en medio de las celebraciones del 195 de la Anexión del Partido de Nicoya y la inversión económica en la ermita de San Blas fue de ¢670 millones por parte del Centro de Patrimonio Cultural del Ministerio de Cultura y Juventud (MCJ).
Durán indicó que el resguardo del Templo de San Blas supone una gran y esperada alegría para la comunidad de Nicoya y el país entero.
“Esta Iglesia y cada uno de nuestros espacios patrimoniales son activos únicos y valiosísimos que nos aporta memoria, valores de convivencia, orgullo, sentido de pertenencia y sentimientos compartidos. En cada localidad, nuestros edificios emblemáticos son además signos distintivos y dinamizadores de la visita que hacen única cada comunidad, en este caso Nicoya”.
Por su parte, el Presidente Alvarado instó a los pobladores a seguir luchando por conservar en buen estado esta joya.
“Nos llena de alegría hacer entrega de las obras de restauración de uno de los templos más importantes, antiguos y queridos por todos los costarricenses”.
En la misma línea, Diego Meléndez, director del Centro de Patrimonio Cultural recordó que el templo de San Blas es, junto con la parroquia de La Inmaculada, en Heredia, uno de los pocos vestigios, aún en pie, de la época inicial de la vida republicana, a pesar de tener una marcada influencia de los métodos y tradiciones constructivas de la arquitectura colonial.
“Al terminar la tercer y última etapa del reforzamiento de este bello templo, podemos garantizar su permanencia para el disfrute de las presentes y futuras generaciones. Este reforzamiento con fibras de carbono significó la seguridad para la estabilidad de sus muros con el mínimo impacto en su tejido histórico. Es un orgullo para el Centro de Patrimonio realizar el aporte para que tan importante obra permanezca”, expresó.
La obra se remozó en tres fases:
Primera etapa. Se realizó entre 2015-2016. Consistió en refuerzo estructural en las paredes laterales. La inversión fue de ¢167 millones.
Segunda etapa. Se ejecutó entre 2016-2017 con el refuerzo estructural de la fachada principal por ¢157 millones. El diseño de la intervención estructural de la espadaña recomendó construir una estructura, tipo pared, de acero y cemento en la parte posterior de la fachada para no afectar los detalles arquitectónicos del frente donde aún se lee: “Viva Blas”.
Tercera etapa. De marzo a julio de 2019 se ejecutó la tercera y última etapa a un costo de ¢300 millones. De nuevo, la mejor forma de reforzar las paredes del presbiterio y las sacristías fue mediante la instalación de fibras de carbono.
Se realizaron trabajos preliminares de evaluación arqueológica; remoción de pisos y ampliación de cimientos, restauración de las paredes de calicanto; impermeabilización de la cubierta sobre el presbiterio, restauración de detalles arquitectónicos, reposición de tejas del techo; readecuación del sistema eléctrico e instalación de rampa de acceso.
En las tareas de prospección arqueológica se encontraron objetos y cuerpos enterrados según fue la tradición en la Colonia. Se descubrieron los cimientos del templo de 1644, por lo que se optó por dejar dos ventanas arqueológicas para que el público pueda observar los vestigios de cuatro siglos: los cimientos de 1644 (siglo XVII), la huella del incendio de finales del siglo XVIII, la construcción de mediados del siglo XIX y la restauración realizada entre 1990 y 1994 (siglo XX). Una exposición con siete paneles informará al público sobre la historia, así como los trabajos arqueológicos y de ingeniería realizados.
- Foto Presidencia
El actual Templo de Nicoya es una estructura centenaria de paredes de calicanto y techo cubierto de tejas. Fue construido a inicios del periodo republicano (1827), por lo que su estilo guarda características de la Colonia.
No obstante, se tiene información que desde 1560 existió en el mismo lugar una primera edificación de paredes de madera y techo de paja. Además, anterior al templo actual, hubo otro levantado en 1644 con paredes de piedra y techo entejado, el cual fue afectado por varios incendios y finalmente sucumbió en el terremoto de Nicoya de abril de 1826.
Según se indica en el expediente de la intervención realizado en 2015 “[…] el templo anterior a la actual construcción fue, posiblemente, levantado en un periodo que comprende los años de 1640 a 1790. Este dato se debe a que fue en ese momento que a la iglesia se le puso techo de teja y paredes de piedra. Luego del terremoto de 1826, el inmueble fue derribado en su totalidad y la construcción del nuevo edificio se dio entre 1827 y 1834. Quizá con algunas variaciones, es este mismo el que hoy se observa en la actualidad en el centro de Nicoya”.
