Juan Gerardo Guaidó Márquez, presidente autoproclamado de Venezuela.
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Por Isaac Bigio*

Guaidó se ha convertido en el primer presidente de la historia sudamericana en ir a verse con todos sus vecinos para demandarles a ellos, a EEUU y a las principales repúblicas de su continente para que puedan ocupar militarmente su propia nación.

El diputado Juan Guaidó, a quien EEUU y otras naciones, reconocen como el “presidente interino” de Venezuela, ha declarado varias veces que él está dispuesto a aceptar o solicitar el ingreso a su país de tropas norteamericanas, brasileñas o colombianas.

Por unos días él dejó de insistir ello tras ser regañado por un congresista estadounidense quien le dijo que solo el legislativo de dicha potencia y no él, puede decidir esto. Empero, tras el fracaso de sus planes para haber movilizado multitudes y hecho entrar la “ayuda humanitaria” de EEUU,  acaba de twittear que la comunidad internacional debe emplear todas las opciones para deponer a Maduro, mientras que él se ha ido a Colombia donde el lunes 25 va a asistir a la cumbre de Bogotá con Mike Pence, el vicepresidente de EEUU, y el Grupo de Lima que incluye a las 3 repúblicas que tienen bordes con Venezuela (Colombia, Brasil y Guyana) y otras más, todas las cuales suman más de 750 millones de habitantes, en unas Américas que tienen mil millones de almas.

Allí se discutirán nuevas formas de intervención sobre Venezuela. “Todas las opciones” son las mismas palabras que constantemente usa Donald Trump para alertar que está dispuesto a invadir Venezuela, tal como antes su país lo ha hecho en Afganistán, Irak, Siria, Libia, Irán, México, Nicaragua, Cuba, Haití, República Dominicana, Granada, Panamá, Filipinas, y muchos otros países para propiciar un “cambio de régimen”.

En esta nota no pretendemos defender al actual gobierno de Venezuela, del cual tenemos muchas críticas, sino alertar del peligro de que se produzca la peor guerra de la historia sudamericana, así como del hecho que nunca antes en las Américas cualquier presidente se ha atrevido a pedir a la mayor potencia del mundo y a las más pobladas naciones sudamericanas, para que invadan a su propia patria y de esta manera le hagan que él pueda posesionarse por primera vez en el palacio oficial de la presidencia. Repito, nunca antes, y todo eso pese a que en más de dos siglos de vida republicana se han dado numerosas guerras civiles, entre países vecinos, e intervenciones de potencias extranjeras.

Fracaso del Día “D”

El 12 de febrero en una plaza de Caracas fue la última vez que Guaidó logró reunir a decenas de miles de seguidores suyos en dicha urbe. Allí él se dio la potestad de nombrar a cada uno de los diversos rangos del ejército y de la marina de Venezuela (aunque no, tal vez por olvido u otro error, a los de la aviación o de la policía) para “ordenarles” expresamente, en su calidad de jefe de Estado, que el 23 de febrero dejen pasar la “ayuda humanitaria” enviada u organizada por EEUU.

Para el 23 de febrero, en que se cumplía un mes desde que Guaidó se autoproclamó como “presidente interino” de Venezuela, él prometió que iba a dirigir a más de 600 mil voluntarios para ir a hacer grandes concentraciones ante los cuarteles y comisarías para incitarles a que se pasen a su lado y también, en dicha concentración popular, había prometido que “la ayuda humanitaria iba a entrar sí o sí”.

Sin embargo, cuando se dio dicho “Día D”, no se vieron ninguna de esas grandes multitudes movilizadas. Guaidó tenía la obligación de haber estado ese 23 de febrero en Venezuela para liderar las protestas que él mismo había instado a darse e ir con cientos de miles de venezolanos a visitar cuarteles y comisarías, pero en la noche anterior prefirió pasarse al lado colombiano para hacerse ver en el concierto contra “el dictador Maduro” hecho en Cúcuta, uno financiado, producido y protagonizado por la única persona que es propietario de dos Antillas, donde él hace lo que quiere.

Desde que Guaidó se auto-proclamó presidente, Maduro, al que tilda de “tirano”, siempre le ha dejado ir por toda Venezuela y no le ha reprimido ni arrestado tanto a él como a sus colaboradores más cercanos. Con esa actitud Maduro ha querido decir qué clase de dictador es uno así, si hasta en una democracia normal no es permitido que ningún opositor ande libremente proclamándose como el único presidente oficial y llamando abiertamente a un golpe o una invasión militares. No obstante, hay una orden para evitar que él salga del país, la cual él ha decidido no acatar con lo cual él quiere provocar su arresto, en caso que quiera regresar a Venezuela, y con ello generar protestas.

Ciertamente, que el mega-concierto de Branson, uno de los mayores multimillonarios del planeta, logró reunir a la más selecta cantidad de artistas hispanos nunca antes hecha.

Pese a que el spot oficial de dicho concierto pronosticaba que lo iban a atender un millón de concurrentes (y en su ejecución se gastaron millones de dólares), hasta la propia Univisión, que les apoyó y cubrió en vivo todo el evento, sostuvo que éste no había llegado a las 200,000 almas, incluso por debajo de las estimaciones originales menos optimistas de los organizadores.

En dicho show asistieron los presidentes de Colombia, Chile y Paraguay, y el objetivo era preparar desde Colombia las acciones masivas que tendrían como fin lograr que cientos de millares pasasen a las horas siguientes a Venezuela, que estaba a una o dos cuadras de distancia, la “ayuda humanitaria”.

No obstante, eso no se dio, como tampoco la deserción de un solo cuartel o comisaría. Lo más que puede reclamar la derecha venezolana es que algunas decenas de soldados se asilaron en el lado colombiano, que se quemaron 2 ó 3 camiones de dicha ayuda y que se produjeron decenas de heridos y 2 muertos en la frontera con Brasil. Por su parte, algunos oficialistas indican que esos camiones fueron quemados intencionalmente por los propios opositores para desacreditar a Maduro, mientras que Maduro ha mostrado fotos de importantes concentraciones de masas en apoyo suyo en Caracas así como en el norte de la frontera venezolana-colombiana.

Al margen de quienes hayan sido los culpables de quemar esos camiones o paquetes, lo cierto es que la “ayuda humanitaria” masiva no pudo pasar, y que las Antillas Holandesas (cuyo tráfico aéreo y marítimo fue suspendido por Caracas) ya se han comprometido a no servir de base para ello.

Hoy, Maduro ha cerrado la frontera con Brasil y Colombia, y ha dado 24 horas para que se vaya el personal diplomático de dicho país en Venezuela, en tanto que ha roto relaciones con Bogotá, a la cual califica de ser “fascista”. Este último término se aplica a dictaduras anticomunistas de un solo partido, lo cual no es el caso de un gobierno de derecha dura electo en comicios multipartidarios y con un parlamento lleno de muchos partidos rivales.

Lo terrible que sería esa guerra

Guaidó estuvo el lunes 25 en Bogotá en la cita con todos los países muy poblados del hemisferio (menos México, que demanda no injerencia) donde él da su pleno respaldo a cualquier plan de invasión que haya sobre su propio país por parte de EEUU junto con sus aliados regionales.

Una invasión de tal naturaleza llevaría a una fuerte resistencia y a una guerra mucho más sangrienta que la más cruel que han tenido las repúblicas sudamericanas: la de la Triple Alianza entre Brasil, Argentina y Uruguay de 1864-70 que mató al 80%-90% de todos los paraguayos e hizo que la república guaraní fuese desembrada y nunca más recuperase el importante sitial que tenía en el continente.

Dicha guerra de hace un siglo y medio se dio sin aviones, helicópteros, misiles, tanques, carros de combate o armas de destrucción masivas, y sin la participación directa de tropas de la mayor mega-potencia del mundo. Hoy una nueva Triple Alianza de Trump, Bolsonaro y Duque tendría a su disposición a las 2 poblaciones y ejércitos mayores de Sudamérica y también al de todo el hemisferio.

Una guerra contra Venezuela hecha por dicha alianza no traería “ayuda humanitaria” a Venezuela sino cientos de miles de muertos y millones de desplazados. En vez de traer “democracia” conllevaría a la apropiación de los recursos naturales venezolanos en manos de otras naciones, e incluso a la posible pérdida de territorios o hasta la división de Venezuela.

Recordemos que Colombia y Venezuela tienen una vieja disputa en su frontera donde hay hidrocarburos y que la mayor reserva mundial de petróleo del planeta está muy cerca de Colombia (algo que muchos en ese país pudiesen codiciar y querer luego reclamar en caso que sus soldados lleguen a Venezuela) y que también hay muchos recursos de hierro, cobalto y otros metales valiosos en la parte venezolana cercana al Brasil (el único país de Occidente que ha anexado tierras a casi todos sus 10 vecinos).

“Ayuda humanitaria”

Esta frase se ha convertido en la causa bélica de una posible guerra. Ciertamente que si hay preocupación sobre la pobreza de muchos venezolanos y se les quiere hacer llegar ayuda, ésta debe cumplir los requisitos que la propia Cruz Roja y las Naciones Unidas estipulan para que sea considerada una “ayuda humanitaria”, lo que implica que debe ser independiente, neutral y pedida o aceptada por la república a la que debería ir destinada.

La posición de Caracas es la de aceptar todo tipo de ayuda, como lo ha hecho con respecto a la de China o Cuba, que no sea un “Caballo de Troya” para dar paso a una invasión como Maduro aduce es la que EEUU dio en 1965 en la República Dominicana en 1965 a la que luego ocuparon con más de 40 mil soldados.

Si se hubiese organizado una ayuda en colaboración amistosa con el gobierno venezolano no hay razón por la cual éste no la hubiese aceptado. En un clima de diálogo hasta se pudo haber llegado a un acuerdo para que ésta hubiese sido distribuida coordinando con la Asamblea Nacional y el mismo Guaidó.

Sin embargo, Guaidó constantemente afirma que él nunca va a dialogar con Maduro, al que tilda de dictador, asesino y usurpador, mientras su partido Voluntad Popular pide que él sea juzgado por crímenes de lesa humanidad y John Bolton, el asesor de seguridad de Trump, sugiere que él deba acabar preso en Guantánamo (el enclave de EEUU en Cuba que no quiere devolver a dicho país y en el cual se permiten una serie de torturas a los “terroristas islamistas” que la constitución de EEUU no lo permite dentro de su propia república).

Guaidó se queja de la barbarie de que Maduro no haya dejado entrar la ayuda, pero él en su propio Facebook personal coloca videos donde sus partidarios echan a los camiones de ayuda y de salud del gobierno venezolano y festeja dichas acciones.

Además, él pide que EEUU siga controlando los activos de la petrolera venezolana en dicho país (CITGO), que el Banco de Inglaterra siga sin dejar que Caracas pueda tener acceso a sus propias reservas de oro valoradas en unos 1,200 mil millones de dólares y a que se mantengan las sanciones que Obama inició para congelar cuentas o castigar a quienes hagan transacciones con Venezuela.

Según la cancillería venezolana eso ha hecho que Venezuela esté perdiendo 30 mil millones de dólares por ello, algo que incentiva la crisis, la pobreza y la inmigración, y que bastase con que Caracas pudiese tener acceso a algunos de esos fondos o a que las sanciones se eliminen para que la economía se reactive y se dé pleno abastecimiento.

Guaidó es un supuesto presidente que no tiene ningún poder interno en su propio país, al cual acaba de abandonar voluntariamente. No tiene ni gabinete ni ministros ni un palacio de gobierno. A él no le obedece ningún ministerio, entidad pública, destacamento militar o policial o los juzgados. La inmensa mayoría de las alcaldías y de las gobernaciones está en contra suya. No recauda impuestos, no vigila ningún puerto, aeropuerto, fronteras o ciudad, y no inaugura ninguna obra pública. Menos aún puede organizar unas elecciones que es, según la constitución venezolana, la única finalidad de un presidente encargado.

El principal apoyo que tiene Guaidó es de EEUU, potencia que fue impulsando a que la oposición se atreviese a calificar a Maduro de usurpador y erigirse en gobierno paralelo.

Para él era vital demostrar que a un mes de haberse proclamado como presidente él, al menos, hubiese sido capaz de rodearse de algún regimiento y, sobre todo, de haber logrado “sí o sí” hacer que la ayuda humanitaria que tanto implora hubiese empezado a ser distribuida por sus partidarios.

En los hechos dicha ayuda se ha convertido en la única acción que podría mostrar para demostrar que en los hechos es un supuesto gobierno. La furia que Guaidó tiene porque no haya llegado tal ayuda, no se debe a, como él dice, puedan morir 300 mil venezolanos (dato que hasta el propio The Economist que tanto le apoya sindica de “Exagerado”), sino al hecho que en más de un mes de haberse auto-proclamado como presidente siga siendo incapaz de lograr cualquiera de sus promesas o de demostrar que puede tener algo de poder real.

Si tanto le interesa la situación de los pobres de Venezuela (ninguno de los cuales forma parte de su equipo ni de la directiva de su partido) Guaidó debería ser un paladín en pedir que se levanten todas las sanciones encabezadas por EEUU contra todos los venezolanos. Un partido que quisiese echar a Maduro del poder, que se centrase en los más necesitados y que buscase apelar al sufrimiento de los venezolanos y también a su dignidad nacional, debería ser el primero en pedir que dichas sanciones sean canceladas y que cese toda clase de interferencia extranjera, tal como también lo demandan México, la nación más poblada de la hispanidad y que recientemente ha roto con el Grupo de Lima.

El único presidente no electo por su pueblo en Sudamérica

De otro lado, Guaidó es un presidente sui géneris. Todos los presidentes de las Américas han sido electos directamente por sus respectivas poblaciones, usualmente con más del 50% de los votos en una o dos rondas. Hay tres excepciones: Cuba (donde el partido único y la asamblea popular lo escogen), EEUU (donde Trump perdió por casi 3 millones de votos ante su rival, pero el colegio electoral le dio el triunfo) y Perú (donde la presidencia ha ido a parar al vice de la plancha ganadora en las elecciones generales tras la renuncia del mandatario titular).

Guaidó no ha salido de ninguna elección presidencial ni se ha presentado jamás a ninguna de éstas. Él llegó a la presidencia de la Asamblea Nacional debido a que la coalición opositora (Unidad) acordó que cada año este puesto (de naturaleza poco importante) fuese adjudicado a uno de sus partidos miembros. Como en el cuarto año de ésta le correspondía dicho cargo al cuarto partido en importancia de dicha alianza (que es Voluntad Popular), fue el jefe de dicha organización (Leopoldo López) quien nombró a dedo a Guaidó.

Así, sin pasar por ninguna elección a nivel nacional, en el congreso o en su propio partido, Guaidó fue ungido presidente de la Asamblea Nacional y luego juró ante sí mismo en una plaza pública que aceptaba ser el nuevo presidente interino de Venezuela.

Mientras que en la mayor parte de las repúblicas americanas cuando un presidente muere, renuncia o es sacado del cargo, su sucesor inmediato es el vicepresidente quien termina el mandato constitucional, en Venezuela existe la figura del “presidente interino”, el cual tiene como misión convocar elecciones presidenciales en un mes. Cuando Hugo Chávez murió su vicepresidente Maduro le substituyó en el puesto y convocó a presidenciales en 30 días.

Guaidó afirma que él es el “presidente interino” porque Maduro fue electo con fraude, pero ese mismo argumento él dio en 2013 cuando toda la comunidad internacional aceptó la primera victoria electoral de Maduro. El planteo de Guaidó y del Grupo de Lima es cuestionado por Maduro diciendo que él ganó las presidenciales de Mayo 2018 con el 68% de los votos emitidos y el 31% del padrón electoral, una de las cifras más altas del mundo.

Ahora, supongamos que Guaidó tiene razón y esas elecciones fueron fraudulentas, es igual de cuestionable que él asuma tal cargo y, en caso de hacerlo, debería llamar a elecciones generales en un mes, pero ese plazo ya ha fenecido el 10 de febrero, y él sigue irrogándose el puesto.

Guaidó ni si quiera ha tenido el coraje de hacer lo que hizo el Parlamento Catalán de organizar una consulta popular contra Madrid y miles de uniformados españoles. Ésta hubiese sido una manera de demostrar que cumple la constitución y que es capaz de movilizar multitudes en pro de una democracia.  Si no ha hecho ello es debido a que teme no contar con suficiente respaldo y a que sabe que prácticamente todo su único poder realmente radica en la cobertura, ayuda y aval que le brinda Washington.

El propio Guaidó ha declarado que él va a ser a seguir en su puesto y que hasta podría convocar elecciones en 12 meses, lo cual es otra forma de salirse de la constitución, y, encima, que en su calidad de presidente interino podría solicitar una intervención de fuerzas militares del exterior.

Él dice que no hay condiciones para convocar a comicios en un mes pues hay que hacer muchos cambios en los poderes judicial, electoral y ejecutivo, mientras que su plan de gobierno contempla masivas privatizaciones y adjudicaciones de petroleras para EEUU.

De esta manera quien usurpa ilegalmente el cargo termina siendo el propio Guaidó quien, a su vez quiere imponerse como un dictador “transitorio” apuntalado por el poderío bélico de la mayor potencia nuclear del planeta.

Muchos creen que la presencia de un presidente alternativo a Maduro es algo que puede forzarle a dejar el poder y a convocar a elecciones, pero eso también puede ser usado por el chavismo para consolidarse.

A pesar que el poder de Guaidó es muy limitado y se apoya en federaciones empresariales y en algunas marchas, algunas de las cuales han sido grandes, Guaidó ni siquiera ha podido implementar sus 2 principales objetivos:

1) hacer que los cuarteles se le plieguen, y

2) lograr hacer entrar la “ayuda humanitaria” de EEUU a Venezuela.

Ante esa incapacidad es que él ha planteado pedir a EEUU y a sus vecinos que contemplen una invasión. Una persona así va a ir perdiendo respaldo en su propio país y FFAA, mientras que va a ayudar al chavismo a que se perfile como el garantizador de la independencia y soberanía nacionales.

Guaidó es alguien quien viene generando más crisis y pobreza en su propio país, que podría conllevar a que Venezuela sea invadida y que, si se sigue desgastando puede lograr exactamente lo opuesto de lo que hubiesen querido muchos opositores venezolanos: la consolidación de Maduro.

* Isaac Bigio, politólogo economista e historiador formado en la London School of Economics donde ha enseñado Gobierno y Administración pública en Venezuela y Latinoamérica.

Fuente: www.alainet.org para El Periodicocr.com


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