CulturaEl nacimiento de Macondo

El nacimiento de Macondo

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Juan Ramón Rojas, periodista y escritor costarricense.
Juan Ramón Rojas, periodista y escritor costarricense.
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Por Juan Ramón Rojas*.

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Macondo, ese poblado mítico creado por el genio literario de Gabriel García Márquez y que cobra su totalidad en su novela cumbre, Cien años de soledad, estuvo presente en su narrativa desde sus primeras obras. Esta novela tuvo como antecedentes textos menores que se podrían interpretar como anuncios de lo que luego sería la obra que lo daría a conocer mundialmente.

Los escribió y los publicó mientras reflexionaba y buscaba el tiempo y el espacio adecuado para sentarse a escribir la célebre novela.

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En El olor de la guayaba (1982), una larga conversación entre García Márquez y su amigo Plinio Apuleyo Mendoza, el premio nobel colombiano afirma que “Macondo, más que un lugar en el mundo, es un estado de ánimo”. El escenario caribeño, con su vida rutinaria, azotado por largos días de lluvia inclemente, y algunos de sus personajes hacen su primera incursión en la narrativa garcíamarquiana en obras como Isabel viendo llover en Macondo (cuento) y La Hojarasca (su primera novela, 1955).

Aparte de la cita en el título del cuento, el poblado no es descrito con detalle en el monólogo que sostiene Isabel, la protagonista del relato. Solo se conocen características generales como su aire caribeño, donde la vida transcurre con cierta monotonía, bajo un torrencial aguacero que dura casi una semana, alterando la vida en la aldea. Empieza a llover el domingo, a la salida de misa, y termina el jueves siguiente. “La tierra áspera y parda de mayo se había convertido durante la noche en una substancia oscura y pastosa, parecida a un joven ordinario”, dice Isabel en su fluir de la consciencia.

Macondo es el escenario nuevamente en La Hojarasca. Esta obra consiste en el monólogo de tres personajes, que se van alternando a través de la novela: el padre, un viejo coronel retirado, su hija Isabel, que repite como personaje, y su nieto, de diez años. También repite Martín, esposo de Isabel. En la primera están juntos; en La Hojarasca el esposo se ha marchado misteriosamente, con el consentimiento del suegro, desde el tercer año de matrimonio, cuando el hijo de ambos apenas tenía un año.

Macondo es pueblo donde se habían establecido los padres de Isabel (la madre ha muerto y el padre se ha vuelto a casar) huyendo “de los azares de la guerra”, buscando “un recodo próspero y tranquilo donde sentar sus reales”. La alusión a la Guerra de los Mil Días (1899-1902) en Colombia, entre liberales y conservadores, es elemento recurrente en la narrativa de García Márquez.

“Macondo fue para mis padres la tierra prometida, la paz y el vellocino. Aquí encontraron el sitio apropiado para reconstruir la casa que pocos años después sería una mansión rural, con tres cabellerizas y dos cuartos para los huéspedes”, monologa Isabel. Como en Cien años de soledad, también está presente la bananera, que llegó “como si un remolino hubiera echado raíces en el centro del pueblo” y “el Intendente General del Litoral Atlántico a fines de la guerra grande, el coronel Aureliano Buendía”, figura central en Cien años de soledad.

La hojarasca se desarrolla en torno al suicidio de un misterioso médico, solitario, agnóstico y vegetariano, que había llegado a Macondo 35 años atrás. Contra la opinión del coronel retirado, una especie de patriarca de la aldea, sus pobladores se niegan a que sea enterrado en el cementerio de la localidad. Sus extrañas costumbres, la muerte no esclarecida de su amante y la desatención de personas cuanto requerían atención médica urgente, son algunos de los motivos que alegan.

En esta novela es inevitable la referencia a dos obras de la literatura universal: la Antígona de Sófocles y Mientras agonizo (1930) de William Faulkner. En Tebas, Polinices ha incumplido el pacto de turnarse en el trono con su hermano Eteocles, ambos hijos de Edipo. Van a la guerra y mueren. Creonte, el tío, se hace dueño del trono con poderes dictatoriales y se niega a que Polinices reciba un entierro digno. Es un traidor a la patria. Contra el criterio de Creonte, su hermana Antígona está empeñada en evitar que Polinices sea pasto de los perros hambrientos y las aves de rapiña.

Pero también se pueden rastrear reminiscencias la novela de Mientras agonizo. Los miembros de una tradicional familia sureña estadounidense reflexionan en torno a la agonía y la muerte Abdie Bundren, que ha pedido ser enterrada en Jefersson, la ciudad donde nació. En un fluir de la consciencia, los miembros de la familia cavilan sobre los asuntos más inverosímiles (por lo demás muy comunes en esos momentos). Todo transcurre en medio de accidentes desde la agonía hasta el entierro de la mujer, como es la destrucción de un puente sobre un río crecido que deben atravesar y la pérdida de las mulas, que hacen complicada la travesía para cumplir con el último deseo de la matriarca.

Sin embargo, no es sino en Cien años de soledad donde Macondo cobra toda su fuerza y su dimensión. Su totalidad. Llega un grupo de inmigrantes y fundan la aldea primitiva y autocrática, aislada del resto del mundo, pero luego se ve invadida por todo tipo de personajes y la compañía bananera, que ingresan por la ruta que descubrió Úrsula Iguarán cuando se fue tras los gitanos en busca de su descarriado hijo José Arcadio.

“Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabraba, construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos”, describe el narrador en el comienzo de la obra. Luego de su efímero momento de esplendor, Macondo termina “en un pavoroso remolino de polvo y escombros centrifugado por la cólera del huracán bíblico”, en el momento en que Aureliano Babilonia terminaba de descifrar la última página de los pergaminos de Melquiades donde estaba escrita la condena inevitable a la estirpe de los Buendía.

Mario Vargas Llosa afirma que el proceso de edificación de la realidad ficticia, emprendido por García Márquez en el relato Isabel viendo llover y en la novela La hojarasca, alcanza su culminación en Cien años de soledad. Esta novela integra en una síntesis superior a las ficciones anteriores, construye un mundo de una riqueza extraordinaria, agota este mundo y se agota con él. “Cien años de soledad es esa totalidad que absorbe retroactivamente los estadios anteriores de la realidad ficticia, y, añadiéndoles nuevos materiales, edifica una realidad con un principio y un fin en el espacio y en el tiempo”, afirma el premio nobel peruano.

*Periodista y escritor.

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