El mejor aliado del narcotráfico no es el adicto, es la prohibición que sube los precios

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Parece que los políticos norteamericanos, por esa flema británica que no han podido escupir de sus cerebros y es herencia del Mayflower, vuelven después de setenta años a seguir con una doble moral ineficiente a todas luces, que lleva a una lucha estéril donde los únicos que ganan son los que negocian con la droga.

No pienso en que deban venderse libremente las drogas, esa no es una buena idea, pero sí puede darse una venta regulada con receta de las drogas de más venta como la marihuana, cocaína y crack.

Las ganancias de los cárteles del narcotráfico son tan altas que en muchos aspectos están mejor preparados que los cuerpos policiales y los ejércitos de estos países. ¿Por qué es tan cara una pajilla de cocaína? Porque es prohibida, porque el proveedor, el narcotraficante y el lavadólares tienen que ganar y además, tener dinero para corromper a muchas autoridades. ¿Es el adicto un vicioso o un enfermo? A mi criterio médico, aunque nadie quiere decir las cosas como se debe, es un enfermo, un ser humano muy profundamente enfermo. ¿Por qué Estados Unidos tiene que decir lo que tenemos que hacer con el manejo de este tema tan complejo de las drogas? Ellos son los mayores consumidores, pero nosotros pagamos la fiesta con la corrupción que permea las altas esferas de la política y de ahí hacia abajo hasta el servidor humilde que se hace de la vista gorda porque al final todos hacen lo mismo.

¿Cómo puede ser que las autoridades políticas del país que se autodenomina la primera potencia del mundo sean tan miopes? No sé, ellos han sido miopes por antonomasia, sino recordemos las estériles (y fracasadas en el terreno bélico) guerras de Corea y de Vietnam, ni qué decir de Iraq-Afganistán. Parece que lo importante son las “overseas investment”, indistintamente del daño colateral.

“Nosotros vemos las cosas de otra manera porque vivimos en la gradería de sol”, como decía aquel famoso político-periodista nuestro, pero si las cosas deben arreglarse en algún momento, todos los países involucrados deberemos estar presentes para aportar ideas viables.

Felipe Calderón en México está librando (y perdiendo) una guerra con mayor violencia que la revolución mexicana por el calibre de las partes en conflicto, si esta guerra se diera en cualquier otro país de Centroamérica, la guerra la ganan los cárteles de la droga indiscutiblemente.

Nuestras legendariamente inoperantes fuerzas policivas caerían en la primera refriega, pues en México donde el ejército es temido (siempre ha sido temido y temible) la mayoría de las escaramuzas las están ganando los cárteles del narcotráfico, tienen mejores armas y además, el arrojo por defender el negocio aporta una dosis extra de temeridad a los combatientes, ante los soldados que están por sus sueldos nada más.

¿Por qué no podemos iniciar un foro nacional (primero, y multinacional después) sobre este tema que sigue teniendo cada día más adeptos dentro de los intelectuales aunque no entre la clase política?

Pero los políticos deben dejar de lado su protagonismo inútil y enfermizo, y de una vez por todas permitir a los intelectuales discutir en grupos multidisciplinarios este escabroso asunto que no es solamente de dejar que las drogas sean prescriptas por el facultativo idóneo.

Así como quedó demostrada la pobreza intelectual y de liderazgo de la Asamblea Legislativa actual frente a la ley de tránsito, que causa más risa que enojo, porque el olmo jamás da peras.

Es un reto, pero aparte del reto es una emergencia, no podemos permitirnos esta inseguridad apuntalada por el enorme negocio del narcotráfico y actividades conexas, cuya principal fortaleza está en los elevados precios y en crear delincuencia de todo tipo para tener mano de obra barata y sin asco para meterle un tiro a quien sea.

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