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Comencé leyendo a Bertrand Russell de muy joven, él me condujo hacia el mundo del racionalismo más frío, pero logró hacerme más espiritual por la necesidad de llenar esos espacios vacíos que su lectura me dejó. He logrado leer todo tipo de libros, no encontrando nunca mayor escollo que en el Ulises de James Joyce. Si no lo comencé a leer al menos unas veinte veces en serio y otras tantas dubitativamente, mentiría, y esa no es mi intención: la mentira para que se justifique (if it does!) debe llevar implícita una ganancia secundaria.

Ediciones en inglés, buenas todas porque son copia del original, traducciones muy buenas, mediocres y malas, quizá esta fuese la razón de mi sinrazón. Leer un libro mal traducido es una estupidez, pero a veces lo hacemos por desconocimiento. Ulises no debería ser leído por aquellos lectores que no sienten pasión por la literatura, es decir, por lectores de ocasión, por lectores de “best sellers”. Es un libro destinado a cambiar vidas, aunque esa no fuese la intención de Joyce, pero en quien siente pasión por la literatura (lector o escritor o ambos) Ulises es un verdadero catecismo de cómo debemos leer y de cómo debemos escribir. Lleno de monólogos, diálogos, citas inconclusas que debe rellenar quien lee, entusiasma al lector hasta la hez.

Voy a tratar de ser conciso, no se puede leer Ulises sólo una vez (aunque puede hacerse), hay que releerlo para sacar la última gota del tintero de James Joyce. Sucede lo que con la obra principal de Cervantes, debe ser un libro que nos acompañe. Yo logré al paso de los años, tirar un libro por malo, entonces tengo tres espacios en mi bliblioteca: el cielo, ahí van los libros buenos o muy buenos, el infiernillo donde mando lo que no sirve ni para hacer una fila de banco o visitar el baño y el purgatorio: ahí envío los libros que no logró leer en un momento determinado pero que leeré después.

En una conversación con Arthur Power, Joyce comenta: “What makes most peoples’ lives unhappy is some disappointed romanticism, some unrealizable misconceived ideal… Nature is quite unromantic. It is we who put romance into her, which is a false attitude, an egotism, absurd like all egotism. In Ulysses I tried to to keep close to fact” (Butler 1990: 260-1); no fue nunca la intensión consciente del escritor convertir este libro en un clásico, aún más, él mismo no lo consideró así, y muchos autores de su época lo criticaron acremente: Virginia Wolf lo consideró una pérdida de tiempo,

“Considero que este libro es la expresión más importante que ha encontrado nuestra época; es un libro con el que todos estamos en deuda, y del que ninguno de nosotros puede escapar”, T.S.Elliot.

“Es indiscutible que Joyce es uno de los primeros escritores de nuestro tiempo. Verbalmente, es quizá el primero. En el Ulises hay sentencias, hay párrafos, que no son inferiores a los más ilustres de Shakespeare o de Sir Thomas Browne”, J.L.Borges.

También por estos días un escritor de libracos de auto ayuda se soltó una estupidez sobre el Ulises, que no sólo dibuja a ese escribidor de cuerpo entero, sino que muestra la basura de su obra.

Hay libros para todos los gustos y lectores para todo tipo de libro, quien lee a Isabel Allende posiblemente jamás comprenda a Joyce, quien es fanático de Coelho posiblemente ni se interese por saber qué o quién es Ulises. El fan de Harry Potter está inhabilitado para leer Ulises.

Ulises sencillamente muestra el camino de la literatura a lectores y a escritores.

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