Política en tiempos de infamia

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Si vemos que está ocurriendo en democracias que todavía se consideran ejemplares como la estadounidense o europeas, que se permiten en los tiempos que corren distribuir certificados de buena conducta democrática alrededor del planeta, incluso intervenciones militares y matanzas en nombre de la democracia, donde llegaron a la presidencia sujetos de la calaña de Bush, Berlusconi o Sarkozy, ¿por qué no en Costa Rica?

De la democracia que fuimos, apenas van quedando unos rastros cada día más difusos en el camino. Entre un Estado disminuido y atrapado en redes de clientelismo, burocratismo y corrupción, y unos partidos dominantes convertidos en máquinas lectorales alimentadas por dinero y compadrazgos, ¿que va quedando del sentido de la decencia y de la honra en la vida política del país?

Hoy es esa gentecilla llena de ambición y de odio contra derechos de las minorías, aunque sea dueña de un partido que tiene el tupé de decirse humanista y defensor de las personas discapacitadas, pero ayer fueron los que andan con una chequera en un brazo y una biblia en el otro, y antes ese tipo de liberales que mientras vociferan contra el Estado con una boca, con la otra que es insaciable se llenan de dólares esquilmando y estafando al tan destestado Estado, y la lista sigue hasta la naúsea.

Y moviendo los hilos de los títeres un partido que dicen que algún día no tan lejano se consideró socialdemócrata, devenido en caricatura grotesca al servicio de poderes financieros de negocios inconfesables.

Mafias de toda índole están al mando y a eso nos enfrentamos.

¿Qué pretendía la Alianza por Costa Rica?

Algo muy modesto, como es quitarle el control del parlamento a un Partido Liberación Nacional que lo había convertido en una sucursal de Zapote. Muy poco ciertamente para cambiar la degradante situación que impera en la política, pero lo sufientemente importante para que los que mandan en el Gobierno entraran en pánico y movilizaran todos sus recursos materiales que les sobran y de guerra sucia que la conocen y la práctican con maestría, para quebrarla por su eslabón más débil, un partido sin ideología, sin principios y con prisa para sacar la mayor tajada antes de que se acabe el negocio.

Pero pasarán estos vergonzosos episodios y la política necesaria se abrirá camino, ninguna farsa es infinita.

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