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El atacarnos unos a otros, probablemente, nos acompaña desde los albores de la humanidad. Es un signo de vida que nos persigue desde la infancia hasta nuestra muerte. El ataque es una forma más de crear chantaje, de acorralarnos y, si es posible, de fusilarnos.

Entre los muchos escenarios donde se usa el ataque para dañar al oponente e intentar ganar votos, está el debate. De hecho, una pregunta, común que surge dentro de los partidos políticos es, precisamente: ¿Debemos atacar al oponente? Y es que, dependiendo de cómo lo haga el agresor y cómo reaccione el atacado, puede generar resultados dramáticos. Hoy, a la puerta de los debates de la segunda ronda, consideramos necesario re-valorar esta dinámica, para que así, con la experiencia vivida, nos cuestionemos la conveniencia o no de este tipo de maniobras.

Principalmente, nos enfocaremos en el debate final, conducido por Repretel, ya que en este no solo se buscó un último llamado al voto para persuadir a los indecisos, sino que, inevitablemente, se dejó un recuerdo final en los televidentes. En este artículo, veremos dos disputas específicas entre Rodolfo y Rodolfo. En la segunda y última entrega, nos referimos a los Alvarado luchando entre sí.

Territorio de drama:

El debate de Repretel poseía los ingredientes para escalar en tensión. Desde el inicio, se percibía un ánimo polémico. A los candidatos se les preguntaban cuestiones de toda índole: se indagó sobre quién gobernaría realmente, sobre estafas al Estado, sobre quién era el verdadero líder de su partido y, como ya es de suponer, salió a relucir el tema del ‘cementazo’, entre otros muchos. En uno de los segmentos, los aspirantes podían preguntarse entre sí y replicar. Fue ahí donde Rodolfo Hernández, del Partido Republicano, sacó un arma. Solo que, a diferencia de otros ataques, esta vez fue letal, y no necesariamente para su oponente.

Si yo me hundo, se hunde usted conmigo

El ritmo cardiaco está próximo a acelerarse, las palmas de la manos podrían volverse sudorosas y, sea el que sea, el estado emocional de ellos se va a intensificar.

Estamos en el caso de ‘El Cementazo’. Rodolfo Piza, de la Unidad Social Cristiana, recibe un efusivo aplauso, luego de apelar al uso del derecho y de la legalidad para, posteriormente, tomar las acciones que correspondiesen. El Dr. intenta esperar a que los aplausos se disipen, pero, en su rostro, le delatan las ganas de tomar la palabra cuanto antes. Casi sin esperar del todo a que en el auditorio terminaran de aplaudir, comienza a decirle:

Dr. H: Por alguna razón, no creooo… porque Ud. tuvo relación con Juan Carlos… (omite decir el apellido del ‘tal’ Juan Carlos) hasta en uno de los topes, el caballo que lo botó era de Juan Carlos… (abre los dos brazos en postura de embestida y ataque).

Don Rodolfo: No mienta (lo dice en un tono fuerte, no sin antes mover su cabeza hacia un lado, como si esquivase un dardo. Luego, le mira de frente y lo señala apuntándole con el dedo índice).

Dr. H: Síí (Mira hacia abajo, segundos después gira su cuerpo hacia el lado opuesto de Piza sin ocultar una muy leve sonrisa).

Don Rodolfo: No mienta… no mienta… (Se lo repite 8 veces, a la vez que se acalora la discusión entre los dos).

La conductora (“Intentando” llamar al orden): Eh…disculpe (se cruzan las voces de los candidatos con las voces de los conductores)…eh….les pedimos… por favor… ¡¡POR FAVOR…!!

¿Alguien ganó?

El Dr. contribuyó a que Piza perdiera la compostura. Quiso dañarle. Posiblemente, sabía que buscándole el talón de Aquiles con el carácter, le podría jugar una mala pasada. Pero, ¿qué pudo ganar? Inevitablemente, se destruyó a sí mismo: el dueño del animal se pronunció al día siguiente, el aspirante quedó de sexto con un 4.95% del padrón y, hoy por hoy, por más buen médico que sea, no parece liderar negociaciones de peso en el escenario político, lugar que Rodolfo Piza sí ocupa. Piza creció de un 6% en el 2014 a un 16.2% en el 2018 con 324.904 votos y obtuvo una bancada de 9 diputados, sumando otro más. Ahora. ¡Ánimos, Don Rodolfo!  Bien lo decía Margaret Thatcher: “Siempre me animo enormemente si un ataque es particularmente hiriente porque creo que, bueno, si me atacan personalmente, significa que no tienen ni un solo argumento político”.

¡A la pucha!

Ahora, si Don Rodolfo no se hubiese mostrado ofendido, probablemente, su atacante hubiese fracasado, pues sin lograr una reacción fuerte en su adversario, su intención pudo haber perdido valor o, tal vez, debió haber considerado que no hay mejor defensa que un buen ataque.

Es difícil afirmar que un debate, por sí solo, decida una elección, aunque sí nos atreveríamos a creer que un resbalón verbal o no verbal puede ser magnificado por las cámaras y dejar una impresión cuestionable. Como un todo, nos parece justo reconocer que Rodolfo Piza en campaña evadió buscar confrontación. Sin embargo, en el último momento, lo inesperado sucedió.

En esta segunda ronda, ante posibles ataques, no estaría de más que los finalistas consideren: ante todo respirar, mantener una postura serena, una expresión facial reposada y, por qué no, darle la vuelta a la tortilla con una dosis de humor… o buscar algún apoyo psicológico.

¿Y qué hay de ‘Los Alvarado’?

En nuestro siguiente y último capítulo, comentaremos sobre ‘Los Alvarado’. ¿Se atacaron o no en el debate final? ¿Es que entre ellos el enfrentamiento es “visible”? ¿O más bien han colocado la discordia fuera del escenario televisivo? De ser así: ¿Dónde ponen la pólvora a arder y de qué forma la tiran al aire?


Sobre los autores:

Marlon Segura, director escénico, analista y coach no verbal- Universidad de Costa Rica – Kansas, Ecole Jacques Lecoq, París.

Diego Fallas, politólogo- Universidad de Costa Rica, técnico en administración de empresas- Instituto Tecnológico de Costa Rica.

Edición: Margarita Chaves- Universidad de Costa Rica. Edgar Carillo Mans.


 

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