Por José Merino del Río.
Los últimos informes sobre la evolución de los índices macroenómicos de la economía nacional indican que el país vive, por ahora, una situación buena y al parecer estable. No eran entonces tan ciertas las predicciones apocalípticas que se anunciaron si no se aprobaba rápidamente el paquete fiscal.
Pero la pregunta es ¿de qué le sirve a la gente común y corriente, la que vive de su trabajo, que le anuncien que el crecimiento de la economía será este año mayor de lo esperado, que la inflación está controlada, que las reservas monetarias gozan de buena salud o que se van recuperando las exportaciones y la inversión de capital extranjero, si sus condiciones de vida y de trabajo no mejoran?
Se dirá que si estos datos fueran negativos la gente viviría todavía peor y es cierto.
Pero esa no es la cuestión, la pregunta que deben contestar los responsables políticos de la marcha de la economía nacional es ¿para qué sirve, cuál es el sentido de una economía que no coloque en el centro de sus preocupaciones al ser humano, naturaleza incluida?
Tenemos que recordar que los neoliberales patentaron aquella teoría del derrame, que finalmente nunca se produjo.
Primero había que crecer, permitir que los ricos hicieran libremente sus negocios y se enriquecieran más, hasta que la copa de la riqueza estuviera llena, entonces comenzaría el derrame que favorecía a toda la sociedad. Primero crecer, y cuando ya se hubiera consolidado ese crecimiento empezar a repartir.
Lógicamente se olvidaron del reparto y creció constantemente la desigualdad social, y la pobreza se convirtió en un problema estructural que condena a más de un millón de habitantes del país. Las capas medias empezaron a descomponerse y amplios sectores comenzaron a pauperizarse. Se acabó la movilidad hacia arriba y Costa Rica después de los años dorados del Estado social continuó con la movilidad, pero hacia abajo.
Gobierno tras gobierno, ya fuera del PLN o del PUSC, se felicitaba de lo bien que iba la economía.
¿Y la gente?
Con mayores o menores diferencias, este ideario neoliberal se impuso planetariamente de mano de la troika: el FMI y otras agencias internacionales, el Grupo de los Siete liderado por Estados Unidos y las 200 transnacionales dueñas de las principales ramas de la economía global.
A esa economía sin corazón y sin alma le importa muy poco la gente, a los gobiernos que impone tampoco les importa. Pasea su riqueza con indiferencia y soberbia, con vidrios polarizados para ni siquiera ver los desastres que deja a su paso.
Pero nos tendrán que ver quieran o no quieran, la ola de la indignación crece, en algunos lugares visiblemente, en Costa Rica son todavía energías que no siempre salen a la superficie, pero que sabemos que están ahí, como el viejo e incansable topo que cava y cava en los subterráneos de la libertad, de la justicia y de la esperanza.