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COMENTARIO

elvis-martinez-periodistaPor Elvis Martínez.

Hace unos días terminé de releer "Los Miserables" de Víctor Hugo. Comentaba anteriormente, que había leído la obra cuando era adolescente, pero después de casi más de 17 años la volví a leer,pero con otros ojos;la escudriñé capítulo por capítulo y, aparte de haberme reencontrado con una obra magnífica, también me reencontré con un relato muy próximo a lo que sucede en el contexto de nuestro país y muy real con lo que en la actualidad está pasando en muchos otros Estados. Desde 1830 a la fecha pareciera que la sociedad en sus pisos sociales no ha cambiado en mucho.

Mientras leía, me acordaba de esos personajes que deambulan por San José bajo la fría noche o bajo el sol y la lluvia otro día sí y otro también; sin esperanza más que la vida que cargan, me acordaba de las familias que no tienen con qué subsistir,de aquéllos niños y jóvenes que son tirados a la calle o quienes carentes de oportunidades se enfrascan en el bajo mundo de la drogadición. Pensaba en esa brecha social que desde los últimos 30 años se ha venido extendiendo impertinente. Pero también me acordaba de los gobernantes, ésos que tienen como insignia la ineptitud y como escudo la corrupción; una especie de seres tardígrados.

La obra de Vìctor Hugo nos sumerge en esas "capas sociales" de París de mediados del Siglo XIX y nos retrata perfectamente como sociedad; la lucha del individuo frente a la vida y el individuo mismo luchando contra el despojo de sus derechos por parte de la clase política dominante y hasta social.

Pero también me acordaba de los gobernantes, ésos que tienen como insignia la ineptitud y como escudo la corrupción; una especie de seres tardígrados.

No sé si sólo seré yo, pero me siento defraudado del sistema, de la clase política que no busca más que sus intereses personales y partidarios. Y es que busco y no encuentro renovación de personajes dentro de la política, ni pensamiento joven que lo sustituya. pero también me siento defraudado de muchos ciudadanos indiferentes frente al desastre en que se ha llevado al país. ¿Habremos pasado de una sociedad pacifista a una sociedad sorda e indiferente?

La pasividad social frente a ese desastre a veces desespera;asistí un día a una protesta social en la que cientos dijeron en Facebook "ASISTIRÈ",pero en el sitio me encontré con poco más de 50 personas dando la lucha. Y es allí donde como ciudadanos tenemos un grado de culpabilidad de lo que está pasando en nuestros países. Por eso es que existe gran discordancia entre lo que el pueblo quiere y lo que la clase política hace. ¿Pero hasta cuando? No importa a lo que aspiremos personalmente, pero como individuo tenemos una responsabilidad frente al conjunto y resto de la población, frente al país que queremos ser.

Víctor Hugo cita en "Los Miserables" que con la revolución de 1830 en Francia los socialistas pretendieron desde un inicio resolver dos problemas, la situación también no es muy ajena al momento en que vivimos:

"Primer problema: producción de la riqueza.

Segundo problema: repartición de la riqueza.

El primer problema implica la cuestión del trabajo.

El segundo, la cuestión del salario.

En el primer problema se trata del empleo de las fuerzas.

En el segundo de la distribución de los goces.

Del buen empleo de las fuerzas resulta el poder público.

De la buena distribución de los goces resulta la felicidad individual.

Por buena distribución debe entenderse,no la distribución igual,sino la distribución equitativa. La primera igualdad es la equidad. De estas dos cosas combinadas,poderío público en el exterior, felicidad individual en el interior,nace la prosperidad social. Y prosperidad social quiere decir:el hombre feliz,el ciudadano libre,la nación grande.

El comunismo y la ley agraria creen resolver el segundo problema. Se engañan; su repartición mata la producción, la distribución igual mata la emulación, y por consiguiente, el trabajo;es una repartición hecha por el carnicero,que mata lo que divide. Es pues,imposible detenerse en estas falsas soluciones:matar la riqueza no es repartirla.

Los dos problemas exigen una solución común para estar bien resueltos; las dos soluciones deben estar bien combinadas de manera que forman una sola".*

Cito lo anterior porque según la evolución de los índices macroenómicos de la economía nacional indican que Costa Rica vive una situación buena y al parecer estable. ¿Será que se han olvidado de repartir (segundo problema que cita la obra)? Sin duda alguna, asistimos a un momento en el que es necesario un cambio, pero es muy importante recordar que "Hay en las revoluciones nadadores contra la corriente,y son los partidos viejos"( Vìctor Hugo, "Los Miserables").

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