La otra cara de Uber

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William Aguilar | Incorreciones. En mi artículo anterior, “¿Que es legal en el transporte público?” me referí a la legitimidad de algunos servicios de transporte público, sin ahondar en términos legales, pues esa no es mi área. Me limité a apuntar las relaciones del transporte con la “moralidad” (aunque no me guste mucho usar esa palabra) y sus relaciones con el poder político.

Podría pensarse que me decanto a ultranza por el servicio de Uber y otros similares. Quiero aclarar que no, que no defiendo ese servicio per se, sino la libertad de trabajar con una herramienta en procura de salvar las necesidades cotidianas de quienes no han encontrado otro trabajo.

Pero Uber, Uber, Lo que se dice Uber, es más que una herramienta para que una persona que no ha podido insertarse en un trabajo formal logre algo de dinero. Es también una herramienta para evadir las cargas sociales.

Lo explico: hasta hace algunos años, existía en nuestro país unas pocas formas de relaciones laborales, obrero-patrón, contratante-contratado, sociedades y cooperativas (disculpen si se me fue otra forma); pero ahora hay nuevos modos, con los que él que en buena teoría es patrón, evade sus responsabilidades.

Un ejemplo claro de ello es las ventas por catálogo, una forma perversa (a mi modo de ver), pues la empresa gana igual que siempre con las ventas, muchas ventas de sus productos, pero no tiene que comprar o alquilar local, no paga electricidad, teléfono o agua, no paga patente, ni uso de suelo, ni nada de lo relacionado con un negocio físico.

Pero peor aun es lo relacionado con sus empleados, los que han sido abandonados por la legislación actual. A ellos (ellas en la mayoría de los casos) no se les paga más que comisiones. Con ello las empresas se evitan cuestiones mínimas como el salario, el seguro, el pago de horas extra, licencias por enfermedad, aguinaldo, cesantía y otros tantos.

Es decir, con este modelo, las empresas tienen todos los ingresos sin responsabilidad alguna, cuestión que a los legisladores parece haberles importado muy poco.

El caso de Uber es muy similar, a los políticos parece importarle solo que sea una forma de piratería, en contra del servicio formal de taxis, pero les da igual que burlen el código de trabajo, el cual está décadas desactualizado.

Hay quien ha comparado a Uber con servicios como los de limusinas o el porteo, ya que el trámite entre el usuario y el transporte es similar; sin embargo y, aunque nos cueste reconocerlo, al menos en esos casos, los carros son de la empresa, unas con mayor responsabilidad que otras.

Lo de Uber no. Es un sujeto, o un grupo, que se beneficia del “machete” de otros, del tiempo de otros, del trabajo de otros y, por qué no decirlo, del riesgo que corren otros; tan solo por haber creado la aplicación indicada en el momento correcto.

Ese tipo de relaciones deben ser contempladas en nuestra legislación, porque no puede ser que se desequilibre (como pasa ahora) tanto la balanza entre la ganancia de unos y el esfuerzo de otros.

Defiendo el derecho de trabajar, pero también defiendo el derecho, los derechos, más bien, que tan arduamente se ha ganado la clase trabajadora y que grandes empresas quieren robarse de una forma u otra.

Mi consejo para los que quieren trabajar con esa aplicación: si tiene un carro bonito, con todo en regla, mejor trabaje solo. Así, si trabaja de noche, es por su cuenta, si trabaja domingos, es por su cuenta, si trabaja feriados, es por su cuenta. Recuerde que Uber puede despedirlo, pero usted no puede pedir vacaciones ni cesantía.

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