Incorreciones | El día y la palabra

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William Aguilar | Incorreciones. Pasamos la vida planeando epístolas que no solo no serán leídas, sino que no serán escritas. Ensayando discursos imposibles. Pensando en la respuesta perfecta a argumentos que nunca nos encararon.

Midiendo las palabras como los pasos en una carrera, pero solo en teoría, solo en una realidad virtual en la que todo sale bien y en la que de alguna forma lo que pasa alrededor puede ser predicho.

Pero cuando la realidad “real” ocupa el espacio que siempre fue suyo, cuando se debe decir lo correcto en el momento indicado; ahí ya no funciona. Las palabras corren como una manada en embestida, o se esconden y ya no hay quien las haga asomar sus cabecitas.

Las palabras deben salir, es decir, deben nacer de nuestros labios. Es una cuestión de valor, de atreverse, pero con seso. No contar las silabas, sino los latidos.

Es también una cuestión de soñar errores y no tan solo el bello imaginario en el que somos “ideales”. De querer una charla humana, intensamente humana con quienes nos rodean. Aprovechar el día y la palabra, que es lo único que verdaderamente nos pertenece.

Hay que salir de la caverna que somos y decir – por una vez en la vida – lo que queremos, lo que no queremos, lo que somos.

Las oportunidades llevan ese nombre hermoso y complicado por la brevedad de su sustancia. Si hay algo importante en decir “te quiero” es hacerlo bien, hacerlo a tiempo y no esperar la luz ni la respuesta perfecta. Que eso solo está en los cuentos.

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