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Josep Casulleras Nualart. Pocos meses antes de los atentados de Barcelona y de Cambrils, la policía española controla los movimientos de Abdelbaki Es-Satti, el ex-imán de Ripoll considerado el cerebro del grupo que cometió los ataques. Según ha podido confirmar VilaWeb con fuentes de la comunidad islámica de Ripoll, agentes de la policía acudieron tres veces, dos de las cuales para pedir sobre posibles cambios en la junta de la comunidad donde Es-Satti ejercía de imán y otra, pocos meses antes del 17-A, preguntando quién había de imán.

Hace una semana, cuando justo se cumplían tres meses de los atentados, el CNI filtró a varios medios españoles que el imán de Ripoll era un confidente suyo, y que se puso en contacto durante el tiempo en que Es-Satti fue a la cárcel de Castellón de la Plana, entre el 2010 y el 2014, condenado por tráfico de drogas. Y fue durante estos años que, según El País, estableció contacto con uno de los condenados por el atentado del 11-M en Madrid, Rachid Agllif. El imán tenía pendiente una orden de expulsión a Marruecos para la condena de tráfico de droga, pero un juez de Castellón la revocó alegando que no constituía ‘ninguna amenaza real’ y porque ‘demostró esfuerzos de integración con la sociedad española ‘. La abogacía del estado no recurrió la revocación de la orden de expulsión.

En el momento en que quedó libre, Es-Satti era confidente de los servicios secretos españoles, de acuerdo con la información filtrada por parte del CNI. Pero, con qué condiciones? Y por qué la policía española no informó a los Mossos de su historial delictivo si poco después, en 2015, ya se instaló en Ripoll a ejercer de imán de la comunidad El Fath? Y cuando hablamos de antecedentes delictivos, hablamos no sólo de tráfico de droga, sino de los vínculos yihadistas que tenía antes y que eran bien conocidos por los servicios secretos españoles. Es esto que se ha preguntado esta misma semana el Síndic de Greuges, Rafael Ribó, que ha exigido explicaciones públicas de las autoridades españolas. Sobre todo lo que sabían de Es-Satti y sobre el hecho de dejar de lado los Mossos y privarlos de disponer de información muy relevante.

El rastro de una década

Es-Satti ya había aparecido en el sumario de la llamada operación Chacal, en el que hubo cinco detenidos en enero de 2006 acusados de haber reclutado muyahidines en Vilanova y la Geltrú para enviarlos a Irak. Los sindicatos de la policía española y la Guardia Civil, SUP y AUGC, se llegaron a quejarse, una semana después de los atentados de Barcelona y Cambrils, que esta información no fuera comunicada a las autoridades catalanas, a pesar de ser una información de la que disponía justamente el Ministerio de Interior y, por tanto, la policía española.

Pero el control de Es-Satti viene de antes: unos documentos del juez de la Audiencia española Fernando Grande-Marlaska, publicados por el diario ABC el mes de agosto, revelan que la policía pidió en 2005 que intervenir el teléfono de Es-Satti por presuntas actividades de apoyo a yihadistas. Y el juez accedió, porque sospechaba que trabajaba para Al Qaeda. Marlaska decía que Es-Satti podía actuar como mediador a la hora de dar apoyo logístico para redes terroristas ‘.

La policía judicial española sospechaba que Abdelbaki Es-Satti tenía vínculos con Ansar al Islam y el Grupo Islámico Combatiente Marroquí, responsable del atentado del 11-M de 2004, al que daba apoyo logístico. Según los documentos que la policía hizo llegar al juez Marlaska, a raíz de los atentados contra la Casa de España de Casablanca del 2003, que causaron cuarenta y cinco muertos, se empezaron a seguir unos individuos como presuntos responsables de los ataques y que habían llegado a España procedentes de Siria. Y, siguiendo su rastro, toparon con Es-Satti, que les daba cobertura.

La policía española siguió, pues, el rastro de Es-Satti durante más de una década, hasta llegar a hacerlo confidente. Y controlar los movimientos cuando ya era imán en Ripoll, pocos meses antes de los atentados.

Fuente: Vilaweb 

Traducción del catalán: Facundo Parenti.

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