Recolección de víveres de este vieres por parte de la Cruz Roja. / Foto: Nela Carvallo
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William Aguilar | EP.  Me sorprende, me alegra, me llena de un orgullo que no recuerdo haber sentido antes. Hoy he visto la mejor Costa Rica posible, en el día que más se urge.

El paso del huracán Otto sacó a miles de personas de sus casas para salvar la vida. Muchos no tendrán donde volver. Otros sentirán un dolor mayor por haber perdido un ser amado. Sin embargo se debe rescatar algo. Más bien destacar.

Miles, decenas de miles de personas se han solidarizado con la tragedia humana,  que esta vez resultó ser compatriota.  No preguntan quiénes o cuántos. No preguntan de quién fue la culpa del desastre, ni de quién será el aplauso por el socorro. Solo preguntan ¿Cómo puedo ayudar?

Instituciones, empresas,  colectivos;  familias e individuos han acudido sin que se les pida, sin que sea su deber, sin que haya nada de por medio más que un nervio hermano que los une a un mar de gente que les necesita.

Hoy se ha visto mucha gente moviéndose, trabajando, ayudando. Eso es bueno y lindo de ver. Hay grandezas que brillan en tiempos de penumbras y esta luz parece que crece poco a poco e incendia su derredor; que contagia.

Si es cierto el adagio que reza  “de la peor desgracia se saca algo bueno” en definitiva es esta muestra de solidaridad, de comunión, que deja ver una nación unida.

Aplaudo a todos quienes sin distingo de ninguna clase, han sentido el dolor de otros como el propio. A quienes están en este momento pasando el desastre, quienes han tenido que llorar por vivir la tragedia, les pido un poco de paciencia, porque la ayuda llegará.

 

 

 

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