La Guardia Española reprimió a personas que asistieron a los centros de votación en Catalunya
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Por J. Tudó

En el mundo muy pocos países como Costa Rica disfrutan de una democracia, no exenta de problemas, pero de forma continuada. En 1949 el país centroamericano eliminó el ejército de sus órganos de Estado. Desde entonces, la mayoría de países de América Latina y de otros continentes han sufrido sangrientos golpes de Estado perpetrados por ejércitos, militares al servicio de poderes fácticos y siempre contra el pueblo. Costa Rica se salvó gracias a la inteligente decisión recogida en la Constitución de 1949 y cuya paz y estabilidad resguarda hasta la fecha. Un ejemplo que muy pocos países han podido seguir.

Por lo anterior, en este momento un problema que se venía gestando desde hace décadas ahora ha estallado en España y tiene como centro Catalunya; desde hace siete años los catalanes intentan negociar con el gobierno central de Madrid la celebración de un referéndum de autodeterminación sobre la independencia de su territorio, referéndum que, según diferentes encuestas, apoyan el 80% de los catalanes. La respuesta de Madrid ha sido reiteradamente negativa, amparándose en que la Constitución española no lo permite.

El Parlament catalán haciendo uso de sus atribuciones y forzando su reglamento aprobó una ley que permitió que se organizara y celebrara un referéndum el día 1 de octubre. La respuesta del gobierno de Madrid fue excesivamente contundente con cargas policiales contra la gente que lo único que pretendía era ejercer su derecho al voto. Días después aplicó el artículo 155 de la Constitución, la anulación de facto del Gobierno de la Generalitat de Catalunya y el envío a prisión de los Consellers del ejecutivo catalán.

En fin, toda la carga política y jurídica del gobierno de Madrid ha caído sobre el autogobierno de Catalunya con una brutalidad que debería avergonzar y ser causa de denuncia internacional por parte de los países más democráticos del mundo, pero excepto escasas excepciones, parece que de momento no es así. Además, se ha demostrado que la separación de poderes, elemento básico en cualquier democracia moderna, es inexistente en España, pues el Poder Judicial se ha puesto a las órdenes del poder político.

La manifestación más inquietante, por lo que implica, ha sido el artículo escrito por el Jefe del Estado Mayor de la Defensa (Jemad) de España, el general Fernando Alejandre Martínez, en el periódico ABC de Madrid de tendencia monárquica. En el artículo el general señala que la crisis de Catalunya es el mayor desafío de la democracia española, recuerda y amenaza, según se mire, que “la obligación del ejército es hacer guardar la Constitución”.

Pregunto: ¿cómo haría el ejército ante los ciudadanos con papeletas de votación en las manos para hacer guardar la Constitución? ¿Quizá utilizar las armas?.

Y continúa el General recordando que “La historia demuestra que llegado el caso las Fuerzas Armadas saben defender la Nación”. ¿Cómo?, ¿Con las armas?. Y agrega contundentemente en su discurso que “Por ello, que nadie lo dude: siempre estamos preparados para, cuando se nos reclama”.

Quiero recordarle al señor Alejandre Martínez que sólo en el siglo XX, el ejército español perpetró tres golpes de Estado; uno en 1923 por Miguel Primo de Rivera, en 1932 por el General Sanjurjo y el más sangriento de todos en 1936 por Francisco Franco. Luego hubo una especie de parodia de golpe de Estado en el año 1981 de la mano de un teniente coronel llamado Antonio Tejero. Menos en este último, los muertos civiles fueron cientos de miles, todos pasados por las armas del ejército español.

Europa hace tiempo que ha perdido su papel protagonista en el mundo, la Unión Europea (UE) está en franca decadencia y los países que la componen en una situación económica muy complicada y en cierto casos, dramática.

Si Europa ocupara su sitio como garante de las democracias, tendría que prohibir las declaraciones de militares que amenazan a sus pueblos desde el púlpito con un arma en la mano. Es vergonzoso que esto suceda en el siglo XXI, pero tampoco es extraño dado el retroceso moral, humano, económico que está sufriendo todo el mundo.

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