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Por Jenny Torres.

Si algo hemos notado desde hace un tiempo hasta ahora, ha sido el alto grado de ignorancia, prejuicios y desinformación sobre la sexualidad que maneja el tico promedio.

El hecho de que a estas alturas de la civilización tantos costarricenses teman contagiarse de homosexualidad y lesbianismo cuando esta población comience a ejercer el derecho de unirse de manera civil o que entre otras lindezas, sus hijos se conviertan en gays por recibir clases de educación sexual; resulta alarmante y revelador.

Con urgencia debemos enseñar a nuestros niños y adolescentes, al igual que con las otras necesidades físicas, el hecho de que la sexualidad se debe de ejercer con responsabilidad y a su debido tiempo: ningún exceso o extremo es bueno, todo lo contrario, resultan perjudiciales para un buen desempeño.

La cantaleta del pasado fomentada por líderes religiosos que pasan predicando lo que no practican, enseña a los padres que la abstinencia para sus hijos, es la única salida posible para evitar el sexo consensuado; amenazas van y vienen: que es pecado, que el diablo se los lleva, que van a ser castigados, que reprimir el instinto natural es lo mejor…

¡Pero qué va!, los jóvenes no son tontos, saben que el diablo solo aparece en películas de terror, cuentos antiguos y escrituras sagradas; ellos son más terrenales, con urgencia por vivir lo que ya todos los adultos han experimentado y no quieren dejar de hacer porque les encanta.

Los tabúes en materia sexual han demostrado ser más que una falacia, un completo desaguisado y una constante aberración: nuestros niños comienzan a experimentar con el sexo desde la escuela. Ya en el colegio muchas niñas quedan embarazadas de padres también adolescentes o peor aun, de adultos que se aprovecharon de la explosión hormonal propia de la edad para abusar de cuerpos que no están preparados ni física o psicológicamente para la concepción.

Ya es hora de que los padres religiosos dejen de andarse por las ramas apegándose a la fe y al miedo para eludir la educación sexual con sus hijos.

Mientras que se oponen a que sean educados en la escuela o colegio, por otro lado nuestros niños observan a compañeros o a sus mismos padres hablando o practicando relaciones sexuales hasta por los codos. No hay nada que no los incite a tener relaciones sexuales, el comercio utiliza la sexualidad para vender lo que sea y dejando que el morbo se encargue de hacer el resto del trabajo.

Con los adultos no es muy diferente, hagamos un poco de memoria: ¿quién recuerda la frase: “la mujer debe ser una puta en la cama y una dama en la calle”? Estas palabras resumen el ideal de mujer que nos han creado sobre todo, los varones. A partir de ahí, ya todo se jodió porque, pecadito, olvidan que los que se prostituyen están recibiendo dinero por actuar, no aman a sus clientes, sí a su dinero; para estas personas el cliente es una transacción más por dejar bien satisfecho en el menor tiempo posible para pasar al siguiente negocio.

Las personas que no se prostituyen por sexo la tienen más difícil, les enseñaron que entre más modositos se comporten, más respeto ganan por parte de la sociedad, cualquier expresión que deje entrever un mínimo de deseo sexual en especial por parte de las mujeres es muy mal visto; se les repite hasta el cansancio que deben ser “deseadas y no sobradas”. Entonces, mientras muchos buscan relaciones sexuales pagadas o sexo casual, lo que escogen o encuentran, son parejas y personas castradas psicológicamente.

Las mujeres fingen orgasmos para mantener relaciones y los hombres fingen relaciones para mantener orgasmos. Al final, nadie recibe lo que busca pero todos de manera irremediable, para bien o para mal, encuentran algo.

Cuando una sociedad se encuentra reprimida sexualmente, se torna más agresiva y violenta. Basta con auto examinarse: la persona satisfecha en el plano sexual amanece de buenas, cantando y silbando, la que no; con un humor de los once mil diablos en donde va echando humo por donde quiera que pase. La gente mal cogida, produce menos y lleva peor calidad de vida afectando de manera negativa todo su entorno.

Para muestra un botón: los altos índices de violencia que se vive en nuestras calles y propios hogares, en donde cualquier cosa es motivo para asesinar o ser asesinado; agredir o ser agredido.

Los que disfrutan de forma plena su sexualidad, viven felices, no tienen ganas de joder a nadie más. Llegan cantando a sus lugares de trabajo o pasan silbando dentro de sus casas.

La personas activas sexualmente deben comenzar a preguntar, sugerir y dejar de suponer con sus respectivas parejas tal como lo hacen en cualquier otro plano; la situación apremia si tomamos en cuenta que todavía hay hombres y mujeres que no saben en dónde queda el clítoris o para qué sirve y mucho menos su funcionamiento. Si ni siquiera conocemos nuestros cuerpos, ¿cómo podemos conocer y explorar el de nuestras parejas?

Es frecuente escuchar el lamento de varones en donde aseguran que sus mujeres están cohibidas sexualmente. Les da vergüenza proponer algo que se salga de lo que es normal para ellas y el varón ni lerdo ni perezoso debe ir a comer afuera, “el gallo pinto” todos los días les aburre demasiado.

Aunque no se puede generalizar, muchas personas completamente satisfechas en el plano sexual, a la menor oportunidad igual deciden ser infieles, la adrenalina de lo prohibido les inyecta el coraje suficiente para mantener relaciones con terceras personas.

Los infieles comprometidos o viviendo en pareja, son los que suelen llenar los moteles entre semana para dedicarse religiosamente a sus familias los fines de semana y por el otro, los solteros y que no desean comprometerse en modo alguno, los atiborran fines de semana mientras que pasan pulseando al objeto de su deseo de lunes a viernes; en ambas situaciones echándose polvos de antología y mandando al carajo todos los miedos que les inculcaron, resultando que se menciona más a dios en los moteles que en las mismas iglesias, porque en los templos el tema principal siempre es el diablo.

La educación sexual debe comenzar por los adultos para que estos no teman que sus hijos la aprendan de manera correcta, equilibrada y responsable.

No está de más escuelas o clases para padres, todo lo contrario, debido a que son precisamente los padres de familia quienes por haber sido maleducados en materia sexual, continúan mal educando a sus hijos.

Dejemos de ser mediocres en todo lo que hacemos, si vamos a hacer algo, que sea excelente desde la primera vez y no un desastre.

La mojigatería, el falso pudor y puritanismo están ganando de momento, llevan la ventaja; cada persona desde el espacio en el que se desarrolla puede hacer algo para cambiarlo comenzando consigo misma para luego pasar a quienes les rodean.

Ámese y permita que otros lo hagan, pero haciéndolo bien desde el principio.

 

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