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La Opinión Consultiva realizada a la Corte Interamericana de Derechos Humanos por parte del gobierno de Costa Rica sobre la identidad de género, e igualdad y no discriminación a parejas del mismo sexo; abre un abanico de posibilidades para proteger y mantener tanto a esta población como a cualquier otro tipo de familia “no tradicional” que se dé en nuestra sociedad.

En el párrafo 191 la Corte se pronuncia:

“…la Corte no encuentra motivos para desconocer el vínculo familiar que parejas del mismo sexo pueden establecer por medio de relaciones afectivas con ánimo de permanencia, que buscan emprender un proyecto de vida conjunto, típicamente caracterizado por cooperación y apoyo mutuo. A juicio de este Tribunal, no es su rol distinguir la valía que tiene un vínculo familiar respecto de otro. No obstante, esta Corte estima que sí es obligación de los Estados reconocer estos vínculos familiares y protegerlos de acuerdo a la Convención”.

El párrafo 191 por lo tanto, a grosso modo es el que viene a establecer el Derecho de las parejas del mismo sexo para establecerse y ser reconocidas como familias con todo lo que ello implica.

El mismo fallo sin embargo, protege a toda familia per se, cualquiera que sea, tanto es así que en el párrafo anterior, el 190 y que ha pasado desapercibido de cierta manera dado que al parecer, la mayor parte de la población se centró en la unión de parejas del mismo sexo; protege también a todo tipo de familia, incluyendo a las poligámicas:

“El vínculo afectivo que la Convención protege es imposible de cuantificar o codificar, motivo por el cual, desde su jurisprudencia más temprana, esta Corte ha entendido el concepto de familia de una manera flexible y amplia. La riqueza y diversidad de la región se han visto reflejadas en los casos sometidos a la competencia contenciosa de la Corte, y ella ha dado cuenta de las diversas configuraciones familiares que pueden ser protegidas, incluyendo familias poligámicas”.

Para nadie es un secreto que la “poligamia” se practica en nuestra sociedad de manera solapada cuando en especial, varones con un alto estatus económico y sin motivos “religiosos”, aparte de tener a una esposa oficial, mantienen relaciones con una o varias amantes con las cuales pueden o no tener hijos, siendo éstos los únicos que hasta el momento tienen derecho a ser reconocidos con garantías idénticas a los del matrimonio, previo a una prueba de ADN cuando el progenitor no niega la paternidad.

Pues bien, en el Islam, religión practicada por 1,6 mil millones de musulmanes alrededor del mundo, si bien es cierto tener más de una esposa no es considerado un deber sino más bien un permiso y en donde aproximadamente el 1% practican la poligamia; el total de familias poligámicas no resulta un número para nada despreciable.

Las condiciones para que un musulmán practique la poligamia no son relativamente complicadas:

– Tiene la obligación de mantener un máximo de 4 esposas en idénticas condiciones económicas.
– Al varón le corresponde la manutención total de sus esposas, de tal manera que ninguna de ellas tiene que trabajar si no lo desea.
Se recomienda la poligamia en los casos en donde alguna de las esposas queda impedida por motivos de salud o psicológicos para mantener relaciones sexuales o procrear hijos, el varón debe por motivos laborales, familiares o situaciones particulares; permanecer lejos del hogar por períodos prolongados de tiempo.  También que viva en una sociedad en la que la cantidad numérica de mujeres supere la de los hombres; por lo cual, muchas de ellas no tienen la posibilidad de conseguir esposo.
– Al musulmán se le pide que si va a escoger a más de una mujer como esposa, que prefiera a las viudas y huérfanas por sobre cualquier otra, debido a que la poligamia no se trata, tal como de manera morbosa se considera en algunas partes del mundo, de sexo desenfrenado; sino de mostrar compasión, piedad y respeto hacia mujeres que de otra forma quedan desprotegidas dentro de la sociedad.
Ninguna de las esposas está por encima de otra ni por orden numérico, ni por cantidad de hijos que puedan tener o no.

Las mujeres que se casen con un musulmán, sean musulmanas o no aunque no tienen que aceptar la poligamia como tal ni ser obligadas a ello; el hombre por su parte, no tiene que el “pedir permiso” a cualquiera de ellas para llevarla a cabo, aunque por razones éticas y morales, conviene que lo haga.

La poligamia no es una condición exclusiva del Islam debido a que algunas sectas cristianas u otros credos religiosos también se practica.

Muchos hombres que practican la poligamia no lo recomiendan por la carga moral, física y económica que implica, mientras que muchas de las mujeres que comparten al esposo se sienten excluidas, menospreciadas o en constante competencia por convertirse en “la preferida” aunque en buena teoría, nunca debiera darse el caso.

Sin embargo, considerando que el Islam es la religión de mayor crecimiento representando el 23% del total de la población mundial y que en Costa Rica tenemos comunidades musulmanas y al menos 3 mezquitas, resulta oportuno sacar a la palestra el tema.

Esto porque la mujer desde siempre ha sido víctima principal de la violación de sus Derechos Humanos en cualquier sociedad y condición en la que se desenvuelvan.

Aunque el Islam le asegura a la mujer los derechos arriba mencionados, por encontrarse “prohibida” la poligamia como tal, los musulmanes han tenido que practicarla a escondidas en los países en los que se considera un delito o por el contrario, han debido abstenerse para no violentar el marco jurídico del país, esto  porque los musulmanes deben apegarse a las leyes del país en el que viven por encima de sus creencias religiosas siempre y cuando estas no impliquen abjurar de su fe o cometer delitos de lesa humanidad. Razón por la que, al no encontrarse la familia poligámica con los derechos de las demás, las musulmanas corren el riesgo de ser mancilladas en sus derechos cuando no se encuentran en un Estado de mayoría islámica.

Costa Rica no es la excepción, aunque no hay muchas familias poligámicas, existen; por lo tanto, resulta un excelente momento para que tanto estas como las poliamorosas o cualquier otro tipo de familia, procedan tal como lo están realizando las parejas del mismo sexo a legitimar sus uniones y comenzar a gozar de los mismos derechos que las demás.

La Corte Interamericana de Derechos Humanos a la cual Costa Rica pertenece así lo ha declarado, por lo tanto, es de acato obligatorio para nuestro Estado crear las condiciones adecuadas para todas estas familias.

Llama la atención el hecho de que el Partido Restauración Nacional de ideología cristiana y que ha insistido hasta el cansancio en querer regir y regirnos por sus principios bíblicos; intentando en un posible gobierno sacar a Costa Rica de la CIDH, al asegurar que su “único” interés radica en proteger a las familias y para no otorgarle a las parejas del mismo sexo los derechos de las demás; ha obviado que la sentencia por lo tanto, protege no solo a las parejas del mismo sexo, sino también a todos los tipos de familias, incluyendo a las de corte religioso, entre ellas, las que la Biblia permite y recomienda; tal como en el caso de las poligámicas.

La Corte, en el artículo 182 reitera la protección a cualquier tipo de familia:

“En este sentido, con respecto al artículo 17.2 de la Convención, la Corte considera que si bien es cierto que éste de manera literal reconoce el “derecho del hombre y la mujer a contraer matrimonio y fundar una familia”, esa formulación no estaría planteando una definición restrictiva de cómo debe entenderse el matrimonio o cómo debe fundarse una familia. Para esta Corte, el artículo 17.2 únicamente estaría estableciendo de forma expresa la protección convencional de una modalidad particular del matrimonio. A juicio del Tribunal, esa formulación tampoco implica necesariamente que esa sea la única forma de familia protegida por la Convención Americana”.

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