Niña del pueblo Suruí, en la Amazonía brasileña, grupo de escasos 1.300 miembros.

William Aguilar | EP. Dos estudios, uno de la Universidad de Copenhague, en Dinamarca y otro del Instituto Max-Planck de arqueología genética de Jena, Alemania; han demostrado que los habitantes originarios de América migraron al nuevo continente desde Oceanía, así como desde el norte de Asia. 

La primera de las investigaciones, publicada en la revista científica Science, dice tener claros indicios de que las poblaciones indígenas suruí y karitiana, habitantes del Amazonas, tienen grandes similitudes genéticas con habitantes de Nueva Guinea, Australia o a los de las islas de Andamán, en el golfo de Bengala.

“Esto pone de manifiesto que la población del ‘nuevo mundo’ no estaba completamente aislada del ‘viejo mundo’ tras la migración inicial”, señaló Eske Willerslev, líder investigador del equipo de la Universidad de Copenhague. 

De esta manera, se presenta una nueva teoría acerca de la llegada de los primeros humanos al continente americano.

“Nuestro estudio presenta la imagen más amplia hasta la fecha de la prehistoria genética de América. Mostramos que todos los nativos americanos, incluyendo los principales subgrupos de amerindios y atabascanos, descienden de la misma ola migratoria”, comentó Maanasa Raghavan, también investigador de la universidad danesa. 

Hasta el momento, la teoría más aceptada de la colonización del hombre en América es la que sugiere la entrada desde el estrecho de Bering, entre Siberia y Alaska, hace uno 23 mil años.

Sin embargo, tal parece, según los nuevos estudios, que la migración asiática a América quedó enclavada durante unos 8.000 años en el estrecho. Luego de eso, siguieron desplazándose hacia el sur, hasta llegar a Sudamérica hace uno 14.600 años.

“Al principio no lo podía creer. (Pero) la señal genética es muy elevada”, aseguró Johannes Krause, investigador del instituto alemán; quien dice que ahora se necesita determinar si los primeros habitantes fueron los que llegaron desde Asia o los de Oceanía, lo que solo se podrá saber son nuevas investigaciones arqueológicas y genéticas.

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