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Joan Vila*

En 2014, en una entrevista en donde me preguntaron por la independencia de Catalunya, respondí que era imposible la separación económica de España, ya que el estado de Madrid no podría soportar vivir económicamente solo. El distanciamiento entre Catalunya y España es inevitable, ahora es necesario ver en qué distancia nos situamos. Los primeros puntos del desacuerdo, al principio, eran fiscales y culturales en base a la defensa del catalán, pero ahora ha aparecido todo un mundo en discordia: un modelo de sociedad completamente distante, un concepto de democracia radicalmente diferente, un objetivo de sociedad dispar en el “ir haciendo” español y la globalización catalana….en fin, una distancia profunda, una ruptura,que hace difícil encontrar puntos en común.

Hoy en los periódicos alemanes concluyen que en Madrid ahora mismo impera una “locura extraña”. Si estudian más a fondo descubrirán que es la misma locura que aflora en muchos momentos de la historia. Es lo que los llevó a expulsar los judíos y los árabes de España, la que hicieron servir para colonizar América, la que utilizaron para colonizar a los catalanes en 1714, la que imperó cuando expulsaron a los franceses, la que impidió evitar la independencia de las colonias, la que reinó durante la guerra civil y durante la posterior dictadura…Hay más años de locura extraña en la historia de España que no de inteligencia tolerante y liberal. España está siempre dominada por élites que la controlan y evitan que la democracia avance.Es un país que no ha hecho la revolución burguesa ni la industrial, un hecho que se evidencia aun más después de entrar en la Unión Europea, en donde casi todos han hecho este tránsito.

El mundo se había pensado que una España europea se modernizaría y mimetizaría los valores democráticos y de control existentes en el viejo continente. Pero no. España ha modernizado las infraestructuras y una parte de la economía, la que exporta (básicamente catalana), pero se ha quedado el control extractivo de las élites y el control del aparato del Estado, colocando jueces y personajes afines a las instancias claves. Ha sido el contenciosos catalán, exigiendo la desaparición del déficit fiscal (que destruye el modelo extractivo), el que ha desencadenado el arrebato del estado.

Hacer desaparecer el déficit catalán implica una pérdida de 8.000 millones para Madrid, de 2.400 millones para Andalucia, de 1.300 millones para Castilla León, de 1.300 millones para Canarias, de 1.200 millones para Galicia, perder 230.000 puestos de trabajo…y esto significa que se desmonta tanto el control clientelar del sur de España como el control central de Madrid, es decir , la base del funcionamiento del Estado Español. Así es como no se aceptó la ordinalidad que había en el estatuto del 2006, como R.Zapatero y M.Rajoy se negaron a negociar un concierto económico y no quisieron saber nada de un referéndum en Catalunya porque implicaba que Madrid hiciera una oferta para ganarlo. Es una negociación imposible porque sedestruye el status quo del Estado.

A partir de aquí quedó claro que la única solución pasaba por el choque entre Catalunya y el poder de Madrid, todo y sabiendo que nos podría pasar factura. Pensar en una tercera vía era una quimera porque el punto clave es la negación de Madrid a cualquier tipo de negociación. Llegar a la cárcel y a la internacionalización del problema era un nivel necesario, no suficiente, para resolver el problema: la élite dominante solo aceptará un dictamen externo en la negociación, lo cumplirá porque será forzado, nunca por convicción propia. Hace años que digo que la solución se encuentra en una mesa en donde esté Angela Merkel, M. Rajoy, y Carles Puigdemont y empezando así: tomen nota, artículo primero, artículo segundo….dictando la salida exacta del problema.

Por lo que hace a nosotros ( catalanes ), cuando más fuerza tengamos en la negociación, más lejos de España quedaremos al final de esta. Esto ahora mismo pasa por hacer visible la deriva autoritaria de España en el ámbito de todo el mundo. Habría la esperanza que dentro de España la gente viera la pendiente no democrática en la cual se ha situado el país, pero no tengo muchas esperanzas de que se así por el control mediático y clientelar del Estado, habiendo situado a los catalanes como los enemigos a batir. Catalunya podría coger el liderazgo en la revolución democratica, tal como hizo en la transición, pero ahora mismo no tenemos el respeto de la gente de la calle. Solo es necesario mirar donde está la izquierda española y los que se llaman intelectuales ,que ahora hacen huelga de pensar.

La sentencia del tribunal alemán sobre la rebelión de Puigdemont ha puesto delante del espejo a la élite española y todo el mundo ha visto que, no solamente el rey iba desnudo, sino que toda la élite española iba en pelotas, que actúa fuera de los estándares europeos y del mundo democrático occidental. Se están situando en una posición en la cual el que puede quedar fuera de Europa no es Catalunya , sinó por debajo del río Ebro. Por tanto la locura politicojudicial española hoy es un buen camino: cuando más los excitemos, más resultados obtendremos.

Es bien sabido que España será muy difícil de gobernar hoy sin el soporte de catalanes y vascos, necesitan sus votos. Pueden cambiar la ley electoral para cambiar esto, pero continuará siendo ingobernable si no rectifican. Y esto implica resolver el encaje de Catalunya, hacer la revolución democrática e industriales, todas cuatro a la vez. ¿Lo creen posible?

¿Alguien cree que se puede pasar de la épica medieval a la posindustrial con un chasquido de dedos? Yo no. España está destinada a mantenerse en la locura. Cuando más lejos mejor.


*Artículo publicado en el Diari de Girona bajo el título “Espanya i l’estranya bogeria”. Traducción de Josep María Gras para El Periodicocr.com

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