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A raíz de una encuesta que se publicó el 17 de noviembre comenzaron a compartirse grandes preocupaciones.

La verdad es dolorosa: los candidatos presidenciales no nos han logrado entusiasmar ni convencer a la mayoría. Sentimos les falta coraje, los vemos débiles, sus propuestas no son medulares. Algunos tienen poderes bastante turbios detrás de ellos, otros son demasiado conservadores y anticuados, otros andan arrastrando partidos que sentimos ajenos y distantes, otros están proponiendo cosas que francamente son retroceso, ni se diga de los que ya políticamente, por sus matráfulas y negocios han quedado descartados… y los más jóvenes y emergentes, nos parecen bienintencionados y todo, pero no logran hacernos sentir la seguridad de su liderazgo.

Resultado: la inmensa mayoría de la ciudadanía está apática y desesperanzada con la oferta. Pero, ¿ Eso a quién puede favorecer?

A una de las más peligrosas opciones, la de un señor que ni siquiera me gusta nombrar para que los logaritmos y robots de internet no le den más fuerza. Ya saben de quien hablo. Uno violento.

He estado pensando que quizá lo que debemos hacer si no nos gusta ningún candidato, es ¿diay? exigirle a los que hay que digan y hagan cosas que nos terminen de convencer, que nos representen de verdad. Que se comprometan con nuestras demandas. Así como nosotros hemos cambiado, ellos también pueden cambiar. Aún es tiempo. Faltan más de dos meses. En dos meses podemos hacer la diferencia. Pero tenemos que decirles qué esperamos de ellos y qué no. La fuerza está en nosotros.

Yo es que no me quiero rendir todavía.

Nos toca demandar, exigir, pedir, que se nos represente dignamente, a la altura de las circunstancias. De lo contrario, todos y todas, tanto ellos como nosotros, seremos cómplices si nos ocurre una desgracia como nación. Y la desgracia mayor es que nos gane la carrera ese señor junto con toda la gente igual a él o que por ignorancia o despiste le apoye.

Pero, a ver: ¿Por qué nos preocupa tanto ese señor innombrable?

Porque como bien se ha dicho, ese señor no tiene ni equipo, ni partido y a él solo lo mueve el odio. Es un peligro absoluto. Su historial es caótico, desordenado y asusta, comenzando por su propia vida familiar. Ya todo el mundo conoce más de “un detalle”.

Observemos mejor, exijamos a los otros candidatos lo que pensamos es lo más importante, cada quien desde su visión y sus preocupaciones. Porque es claro, no todas las personas pensamos igual, pero sí la mayoría optamos por la decencia y no queremos un pachuco de presidente. ¿Verdad?

Por mi parte, quiero políticas motivadas por el amor, por el respeto a toda forma de vida, por la solidaridad, por la justicia, combate serio y firme a la corrupción. Quiero que Costa Rica refuerce su compromiso con la paz, la justicia, la democracia, el respeto. No quiero rendirme ni quedarme callada mientras veo que la indiferencia o la indignación colocan en los espacios de toma de decisiones a gente que es absolutamente contraria a estos valores.

Mi candidato preferido ha sido Carlos. Aún no me convence. Lo apoyé en la pre-campaña y desde que ganó lo vi débil, perdió ímpetu y frescura, siento que perdió demasiado tiempo dedicado a convencer a los sectores del PAC que lo adversaban (siendo el PAC un partido tan pequeño) e ignoró a toda la gente independiente que lo catapultó. No me gustó la selección que hizo de sus vicepresidencias, creo que ahí cedió ante presiones… creo que ha sido muy pasivo con respecto a los escándalos de corrupción, que no ha sido contundente y lo veo hablando de temas que no son los medulares cuando el país entero espera de él otro mensaje. Mucho no me ha gustado…y bueno, creo que mi deber es decírselo y en eso estoy. No me quiero resignar. Es lo que voy a hacer y espero su equipo y él mismo den pasos que nos hagan entusiasmarnos y nos convoquen a sumar alrededor de él y su propuesta. Si no se logra nada, por lo menos me queda la satisfacción del intento.

Si a usted le gusta Edgardo, haga lo mismo. El tiene el carisma y la capacidad para catapultarse. Es una persona llena de cualidades. Es mi segunda opción pero me desanimo cuando lo veo perdiendo el tiempo hablando mal de los otros siempre en vez de argumentar y convencernos con sus propuestas. Díganle qué esperan de él, en qué puede mejorar. Digamos no a la pasividad.

Si en cambio les gusta Piza o les gusta Desanti. Hagan lo mismo. A mí no me gustan, pero están en su derecho a verlos como opciones. Igual si les gusta Mena o Hernández o cualquier otro. Ninguno de ellos está atendiendo a nuestras preocupaciones reales, todos están como secuestrados por quienes les financian, por quienes les han prometido apoyo desde las iglesias conservadoras, por grupos cuestionados, etc. De Otto Guevara ni hablo porque ese ya políticamente creo está occiso. De los partidos religiosos menos. Creo que nadie por acá en mi muro es partidario de esos grupos. Pero como de los otros sí, a toda la gente le hago el llamado.

Pidamos una campaña de altura, pidamos propuestas, pidamos compromiso y seriedad. Costa Rica lo merece.

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