El viernes pasado, cuando el centro de Estambul era un hervidero, miles de personas sintonizaron los principales canales en sus televisores para seguir las mayores protestas en más de diez años. Pero no encontraron en sus pantallas violencia, piedras ni gases lacrimógenos. La emisora Star TV mostraba el concurso Miss Turquía y la CNN turca transmitía un documental sobre pingüinos.