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Es un día en que los limonenses pueden estar seguros de contar con la grata compañía del Primer Mandatario del país. También en este día, la prensa televisada, radial y escrita, compite por reportar las cosas buenas de Limón.

¡Oh, ser Negro en este día y sólo este día, es motivo de elogios, reconocimientos y un verdadero orgullo nacional! ¿Y que pasó con los demás 364 días del año? ¿Qué hacemos mañana, la próxima semana o el mes entrante, cuando a nuestros hijos se les ignora la solicitud de empleo, sin una explicación lógica y razonable?

¿Qué hacemos cuando a un limonense, llámese Negro, afro costarricense, afro descendiente, mulato, cholo o paña, le quitan toda su fortuna, lo acusan y condenan a 12 años de prisión por lavado de dinero, sin demostrar que el dinero estaba sucio?

No cabe duda que los recuerdos de elogios y alabanzas del Día del Negro, nos llena de regocijo y esperanzas. Pero esa felicidad desaparece cada vez que escuchamos un hijo o nieto decir: “estoy salado, no me dieron el trabajo”. ¿Qué podemos hacer, para dejar de escuchar esa maldita frase?

Bueno, eso no es lo peor que le ha ocurrido a los Afro descendientes en suelo Tico. Por más de cien años, por más laboriosos, honestos y “bien portados” que fueran, no podían cruzar las puertas de los mejores salones y clubes de nuestro país; por el simple hecho de ser NEGROS.

Entre los más notorios de esos lugares, estaban el Club Unión, frente a la Oficina de Correos en San José y el Club Miramar, frente al Park Hotel en Limón.

Era tan rigurosos los controles, que ni siquiera le permitieron la entrada a la Reina de Simpatía, de los Carnavales del Centenario de Limón en 1967; por el simple hecho de ser una Negra y así se le recordó en el momento de su llegada a la puerta de entrada. Mientras tanto, a sus compañeras, una blanca y la otra China, fueron bienvenidas al recinto. (Testimonio de la Dra. Catalina Sawyers).

Durante el mismo período de tiempo, un hijo de un diplomático africano tuvo una experiencia similar en uno de los Hoteles mas famosos de San José y resultó en un escándalo que trascendió las fronteras; convirtiéndose en una “vergüenza nacional”.

A consecuencia de esos dos incidentes en particular, nace la Ley No.4230, promulgada el 8 de Noviembre de 1968 y que le puso fin a las prohibiciones de acceso a los negros a lugares públicos de lujo. Una ley que ha dejado impregnado sus huellas en la historia de nuestra patria. Vale apuntar que las severas multas de aquellos tiempos, resultan ser sumas irrisorias en la actualidad.

Esta legislación hace posible, que hoy las organizaciones afro costarricenses pueden celebrar sus bailes de gala en las Salas de Eventos de los más lujosos y famosos Hoteles de San José. Sin embargo, tanto para dirigentes como dirigidos, esa legislación pasa inadvertida. De igual manera su gestor, el entonces Diputado por Limón, Sr. Carl Eduardo Neil, ha quedado en el olvido.

Aunque sobre sus hombros ingresan a estos recintos de lujo, una vez reservados sólo para los blancos, y a pesar de que aun vive en Limón, ya su nombre no aparece en las listas de invitados y homenajeados. Pero no creo que el Caballero Carl Edwardo Neil se reciente por ello, todo lo contrario, se regocija al ver hecho realidad sus sueños.

Eso fue lo que hizo por su pueblo, el diputado Limonense Carl Edwardo Neil, con el apoyo de las Organizaciones Afro costarricenses de aquella época. Dejándonos como legado una sociedad donde no se nos limita el acceso a ninguna parte a razón del color de nuestra piel.

¿Qué haremos nosotros, la presente generación de dirigentes y dirigidos, ante los múltiples problemas sociales, económicos, la desigualdad de oportunidades de empleo y trato diferenciado en los Tribunales de Justicia?

¿Cuál será nuestro legado a las futuras generaciones? ¡El haber viajado alrededor del mundo representando a la etnia, el haber ocupado un cargo publico de prestigio, el haber participado en decenas de conversatorios o será, el haber bailado y compartido con Presidentes y dignatarios!

Después de haber visitado sólo un episodio de la historia de Don Carl Edwardo Neil, me siento obligado a dejar planteada la pegunta y me disculpan por las molestias que pude haberles causado.

 

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