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Tal como sucede dentro de un matrimonio, después de la luna de miel, la pareja comienza a poner los pies en el suelo y toma el proceso de adaptarse al otro con todo lo que ello implica.

Este período de acomodo puede tardar varios años, aunque a algunos les lleva toda la vida debido a que en realidad, si alguno de los cónyuges no demuestra idéntico compromiso, responsabilidad, amor y cuidados con respecto al otro; el nivel de reciprocidad se va resintiendo llevando al traste cualquier relación.

Tal como con los divorcios, nadie en Costa Rica va a salir ileso, todos somos esos hijos que se encuentran en medio de ambos bandos y que van a sufrir de manera innecesaria, todo tipo de vejaciones en nombre de la intolerancia.

Muchas personas con tal de no salir de la zona de confort, estado anímico, económico y emocional en el que se encuentran, optan por continuar unidos; aparentando ante los demás relaciones perfectas, mientras que dentro de sus hogares ocurre todo lo contrario, llevándose como perros y gatos.

Viene el consabido desenlace: el divorcio con todas las bajezas que se pueden dar en contra del “ser amado”, aquella persona a la que le prometiste acompañar en las buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad; y en su defecto, si la unión fue de carácter cristiano, “hasta que la muerte los separe”.

Es precisamente en donde el malo de la película, deja de actuar y comienza a demostrar sus verdaderos sentimientos, sacando lo peor de sí mismo y en muchas ocasiones, del otro.

Al final, lo que se suponía debía ser un proceso común y corriente, civilizado para todas las partes pero en especial para los hijos al evitarles traumas con los que deberán acarrear por el resto de sus vidas; sucede todo lo opuesto y son ellos, los más vulnerables, quienes terminan pagando las malas decisiones de los adultos en un cuento de nunca acabar con todo tipo de manipulaciones por parte del cónyuge que quiere “sacarse el clavo” a como dé lugar.

¡Justo así está Costa Rica! Justo en un proceso de divorcio disparado por el punto de quiebre que resultó realizar una opinión consultiva sobre las uniones civiles entre personas del mismo sexo. Al recibir una respuesta positiva, el país con la gente “más feliz del mundo”, lamentablemente, dejó de serlo.

De tal manera que los manipuladores emocionales tomaron ventaja al exacerbar discursos de odio, irrespeto e injusticia para una población que como todas las demás que conforman nuestro diverso país, tiene y debe gozar de los Derechos Humanos a los que nuestra nación se ha adscrito al pertenecer a la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Hoy en día, la situación se está saliendo de las manos en donde ya el partido religioso que se considera dueño de la verdad absoluta, ha expresado de manera clara la intención de sacar al país de la Corte, con tal de impedir a la población LGBTI, los derechos con los que el resto de ciudadanos ya contamos.

Esta ignominiosa campaña del odio que le dio excelentes resultados a Donald Trump para llevarle hasta la silla presidencial, cuenta con creyentes fanáticos quienes han logrado dividir al país en dos bandos, de tal forma que “los que no están a favor de ellos, están en contra”. Para estos piadosos ciudadanos, no hay puntos medios y si usted considera que la población LGBTI, tiene derechos, los creyentes le acusan de pervertido, gay, pecador o lesbiana.

Tal como con los divorcios, nadie en Costa Rica va a salir ileso, todos somos esos hijos que se encuentran en medio de ambos bandos y que van a sufrir de manera innecesaria, todo tipo de vejaciones en nombre de la intolerancia.

Tenemos así que, en días pasados, una madre de familia pidió frente a la escuela de su hijo, la muerte “como lo pide la Biblia” para los homosexuales, enseñándole de la forma más cruel a sus propios retoños y demás compañeros que: nadie tiene derecho a ser diferente.

Que este acto de barbarie, sirva de una buena vez por todas para ponerle freno a esta ola de violencia y agresiones.

Ambos candidatos, así como el actual presidente de la República, demás líderes religiosos y personalidades influyentes del país, deben llamar a la calma y pedir que la razón retorne a nuestros hogares.

¿En dónde están los “famositicos”? ¿Esos que para apoyar nobles causas nos pasan pidiendo que votemos por ellos en programas de televisión? Los que brillan por su ausencia en este caso, demuestran que el interés que tienen para que la población más vulnerable de este país no sufra injusticias, no pasa de ser una mera estrategia de mercadeo para levantar sus “famosas” imágenes.

La ignorancia es atrevida, es hora de prestarle la seriedad del caso.

Si usted no tiene amor propio, hágalo por sus hijos, la Patria  está herida y como tal, lo demanda.

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6 Comentarios

  1. Excelente artículo. Felicitaciones Jenny Torres. Cuente conmigo en la lista de seguidores de su columna y lectores de este medio. Su presencia aquí es como una brisa que entra, nos refresca y despabila. Felicitaciones a quienes tuvieron el buen tino de incluirla en EL Periódico CR

  2. Comparto su análisis. Existen otro tipo de padres que en la crisis de la separación, la manejan con sensatez y muestran ante sus hijos respeto por la figura del ex cónyuge. En nuestra realidad nacional esos padres serían encarnados por aquellos que en sus valoraciones sobre lo correcto o incorrecto, existencialmente hablando, privilegien por encima de dogmas religiosos o Reduccionismos biológicos, los derechos humanos de Libertad a la diferencia, a la desviación sin daño a otros, a la dignidad y a la inclusión.

  3. Es lamentable lo que nos está sucediendo. En Tiquicia La Más Feliz del Mundo, están ardiendo varias hogueras en cada cuadra, en cada pequeña ciudad del campo. Están ardiendo en la hoguera quienes se atreven a levantar la bandera de la humanidad, del sentimiento humanitario, de la compasión por el prójimo a quienes se les quiere reivindicar sus derechos humanos… Como cristiano puedo tener mis opiniones sobre la Opinión Consultiva de la CIDH, pero reconozco que las uniones o matrimonios o como se llamen, de personas del mismo sexo, es derecho humano y a mí no me afecta ni afecta las creencias de mi familia. Pero la intolerancia “del otro lado” es increíble y la utilización de la Biblia para pelear y mandar al infierno a medio mundo es increíble y sorprendente. Luego los victimarios se hacen las víctimas… Válgame Dios. Coincido con la autora en mucho de su enfoque. Estamos en un lamentable y doloroso proceso de divorcio social en Tiquicia y solo quizás después del 2 de abril se podrán ir cerrando las heridas. O al menos eso espero… Ojalá…

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