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Nos encontramos ante una inaudita disyuntiva: elegir a un candidato y equipo que pide a sus fieles que sean moralmente heterosexuales para mantenerse a tono con los principios del partido y la sociedad que desean “restaurar” y el otro que ha demostrado con hechos y no solo en “lenguas”, proteger a la población por igual.

Si el sentido común fuera el más común de los sentidos, la tendríamos relativamente fácil. De manera lamentable, en la práctica vivimos otra cosa.

La falacia de lo moralmente heterosexual resulta absurda, cansina y hastía a más no poder: desde que la humanidad existe como tal, siempre han existido, existen y existirán personas con diferentes preferencias sexuales, independientemente del credo religioso que practiquen o desde el ateísmo; es un asunto que no se puede obviar.

Que los fanáticos religiosos vean la sexualidad como algo malo aunque se practique de manera consensuada entre personas adultas es inmiscuirse de manera delictiva en la privacidad individual.

Si tanto les molesta la sexualidad, ¿por qué no dejan de practicarla? Sencillo: porque la misma es parte intrínseca y preponderante de lo humano que, como seres sexuados, compartimos con muy pocos seres vivos la dicha de mantener relaciones sexuales por placer más que como simple motivo de reproducción.

Ése es el miedo: “el placer”. Los fundamentalistas embaucan a sus seguidores basados en el temor y la ignorancia para poder manipularles. Para ellos, lo terrenal implica sufrimiento, desvarío, dolor. Cualquier cosa que implique bienestar, placer o satisfacción les está prohibida porque les puede llevar al pecado, claro está, siempre y cuando se trate de los fieles, nunca de sus jerarcas. Éstos sí pueden vivir de acuerdo a sus teorías de prosperidad en donde los únicos que prosperan son ellos, los “pastores” que terminan trasquilando a sus ovejas, cercenando sus libertades para aprisionarlos en los barrotes del fanatismo.

En los templos se escucha más la palabra diablo e infierno que Dios y amor.

Dejemos los reparos, ahora nos encontramos con que también el vocero encargado del planeamiento para el área cultural del partido religioso “espera” no coartar la libertad cultural siempre y cuando, no contradigan los valores de la sociedad ideal que ellos han creado en sus mentes.

Han creado nuevas definiciones de lo que es pornográfico e inmoral de acuerdo a su limitada y manipulada mentalidad igual que todas las dictaduras, inquisiciones y cruzadas de triste recuerdo y dolorosa ignominia.

Todos estos planes estratégicos para ir limitando las libertades individuales son una muestra clara de lo que han venido diciendo y ahora tratando de maquillar desde el principio de su campaña: eliminar los Derechos Humanos que a ellos no les sirvan. Sacar a Costa Rica de la Corte Interamericana de Derechos Humanos para poder mancillarlos a placer.

Y ahí están, como chacales listos para el festín de la jauría, todos los políticos añejos y con discursos rancios que han abandonado otros partidos y no tienen injerencia desde hace algún tiempo en gobierno alguno, aprovechándose de la ocasión: entre más encendido sea el discurso del odio y la discriminación hacia las poblaciones “inmorales”, mejores puestos logran obtener ipso facto, dentro de la cúpula de los restaurados.

Como siempre, Jesús, el Maestro, lo tenía muy claro y nos advirtió de manera tajante sobre este tipo de manipuladores cuando nos dijo:

«Muchos me dirán en aquel día: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?” Y entonces les declararé: “Jamás os conocí; apártense de mí, los que practican la iniquidad” ».

 

 

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